Al principio, los televisores apenas eran más pequeños que un Buick. Pesaban más de 225 kilos. Encontrarles un lugar en la casa era todo un desafío.
“Desde que compramos nuestro televisor”, escribió un lector de la revista TV World en 1953, “tuvimos que cambiar la disposición de los muebles de nuestro living y, sencillamente, no podemos conservar el piano”.
En la década de 1960, hartos de las quejas por estos monstruos que consumían espacio y energía, los ejecutivos de la industria electrónica y los organismos reguladores del Gobierno presionaron a los científicos para que encontraran la manera de reducir su tamaño. Los funcionarios de Defensa también se sumaron, con la esperanza de conseguir pantallas de radar más pequeñas.
En el centro de este esfuerzo hercúleo estaba Cyril Hilsum, un exuberante físico británico de cabello blanco, abundante y rebelde, cuyo sorprendente parecido con Albert Einstein no se limitaba a su aspecto.
“La gente dice que el coeficiente intelectual de Einstein era de 155 o algo así, y yo diría que el de Cyril era mucho más alto”, afirmó en una entrevista J. Cliff Jones, un físico que trabajó en la Universidad de Leeds, en Inglaterra. “No digo que Einstein no haya sido extremadamente importante, pero Cyril era de ese tipo de personas. Era así de brillante”.
En el Royal Radar Establishment, un centro de investigación del Gobierno, Hilsum dirigió el equipo que desarrolló materiales y tecnologías fundamentales para las pantallas de cristal líquido, las que se utilizan en televisores de pantalla plana, computadoras portátiles y teléfonos inteligentes.
Hilsum murió el 23 de septiembre en una residencia asistida de Londres, según informó su familia. Tenía 101 años y había llegado a su segunda centuria evitando las verduras frescas y alimentándose, en gran medida, de comidas preparadas para el microondas, chocolate y vino tinto.
Hijo de vendedores ambulantes del humilde East End londinense, Hilsum era una máquina de inventar. Desarrolló semiconductores que se utilizan en controles remotos, puertas automáticas, alarmas antirrobo y lectores de códigos de barras.
Su trabajo con la tecnología de radar condujo al desarrollo de Claribel, un dispositivo utilizado para detectar la ubicación de francotiradores en Irlanda del Norte. También fue fundamental en la creación de detectores de velocidad por radar, que ocasionalmente lo sorprendían conduciendo por encima de los límites permitidos en las autopistas.
“No tenía demasiado interés en la física teórica ni en los físicos teóricos”, dijo su hija Lindsey Hilsum, escritora y corresponsal de noticias internacionales en televisión, durante el homenaje en su memoria. “Era un científico de materiales y un ingeniero. Todo giraba en torno a las aplicaciones”.
A fines de la década de 1960, Hilsum trabajaba en tecnología de radar para el Gobierno británico cuando su jefe le preguntó si podía hacer algo para reducir el tamaño de las pantallas electrónicas.
Las pantallas de radar y los primeros televisores eran enormes porque utilizaban voluminosos tubos de rayos catódicos (CRT, por sus siglas en inglés), que proyectaban imágenes sobre gruesas y pesadas placas de vidrio. Los equipos estaban alojados y protegidos por muebles de madera, que convertían aquellos aparatos en piezas de mobiliario difíciles de mover.
“El tubo de rayos catódicos”, escribió Hilsum en un artículo de 2010 para Philosophical Transactions of the Royal Society A, “se estaba volviendo cada vez más evidente como un dinosaurio”.
Al principio, no era optimista respecto de la posibilidad de encontrar una solución, pero una nueva idea comenzaba a tomar forma: utilizar cristales líquidos para generar imágenes en una pantalla. El concepto despertó su interés.
Por un lado, los cristales requerían un voltaje menor que los tubos de rayos catódicos. Pero, más importante aún, podían colocarse en una película delgada entre dos láminas de vidrio muy finas. Adiós a los tubos.
El problema era que los cristales líquidos solo eran estables a temperaturas elevadas y se disolvían rápidamente. Nadie querría comprar un televisor nuevo cada pocas semanas.
Hilsum reunió a un equipo de científicos para resolver el problema. La historia de lo que hicieron podría llenar una serie de televisión de cinco capítulos, pero, resumida en la extensión de una sinopsis de TV Guide, sería algo así: “Los científicos crean una nueva familia de cristales líquidos estables, conocidos como cianobifenilos”.
Las implicancias fueron enormes.
“El mundo llevaba mucho tiempo intentando encontrar un material estable y, de repente, lo teníamos”, dijo Hilsum en una entrevista de 2020 con la revista Archives of Information Technology.
Primero llegaron los relojes digitales, seguidos por las calculadoras de bolsillo, las computadoras portátiles, los televisores de pantalla plana y, finalmente, los teléfonos inteligentes.
Hilsum pasó a ser conocido como “el padre de los cristales líquidos”, según The Times de Londres. En 1976, la reina Isabel II visitó su laboratorio y fue fotografiada riéndose mientras él intentaba explicarle la tecnología.
“Había muchas personas involucradas en esta tecnología, pero Cyril la impulsó en la dirección que necesitaba y cambió el mundo”, dijo Jones. “Hoy podés tener un enorme televisor de alta definición en tu living. Todo se remonta a esta invención clave”.
Hilsum, el segundo de tres hermanos, nació en Londres el 17 de mayo de 1925. Sus padres, Benjamin y Ada (Goldstein) Hilsum, vendían sombreros chatos, chocolate y gamuzas en puestos de Petticoat Lane y Portobello Road.
Su infancia fue austera y difícil. “Había un baño afuera, eso lo recuerdo”, contó en una historia oral realizada en 2002 para la Biblioteca Británica. “Los tres hermanos dormíamos en lo que parecía una cama enorme”.
La ropa pasaba de un hermano a otro o se heredaba de los primos. No había regalos en las fiestas.
“Jugábamos en la calle”, recordó. “Nos peleábamos. En general, supongo que era como en la mayoría de las familias”.
Pero Cyril no era como los demás chicos. A los tres años ya sabía leer. Por diversión, desarmaba sus juguetes.
“No me metía con la electricidad ni nada por el estilo”, contó. “Pero desarmaba los juguetes, fueran míos o de otras personas”.
Después de terminar la escuela secundaria, obtuvo una beca para estudiar en University College London. “No sé si mi mamá llegó a entenderlo”, dijo. “Mi papá estaba encantado. En esencia, era lo que él habría querido hacer”.
Estudió matemática y física, se graduó en 1945 y obtuvo un doctorado en Física en la Universidad de Londres en 1959.
Cuando le preguntaron en aquella historia oral qué hacía a un buen físico, Hilsum respondió: “Curiosidad, curiosidad. Siempre tenés que tener esa clase de mente que quiere conocer las respuestas a las preguntas. Ves algo y pensás: ‘¿Cómo funciona?’ o ‘¿Qué haría que funcionara mejor?’”.
Dijo que no tenía ningún interés en la física teórica, ni siquiera en la partícula bosón de Higgs. “Me dejaría completamente indiferente”, afirmó. “Quiero que las cosas funcionen”.
En 1947 se casó con Betty Cooper, su compañera de elenco en una producción universitaria de Pigmalión. Con frecuencia le compraba dispositivos electrónicos como regalos, que luego procedía a desarmar. Ella murió en 1987.
Después de que su hija Karen Burt, ingeniera, falleciera en 1997, Hilsum creó una beca en su nombre junto con la Women’s Engineering Society.
Además de su hija Lindsey, Hilsum deja a su pareja, Anne Dell; un nieto; y su hermano Charles, de 103 años.
Hilsum obtuvo más de 70 patentes. Recibió la última cuando tenía 97 años. La documentación describe la invención como un “aparato o método para medir fuerza, trabajo, potencia mecánica o torque, especialmente adaptado a aplicaciones específicas para medir la tensión en elementos flexibles, como cuerdas, cables, alambres, hilos, correas o bandas, mediante medios eléctricos y sensores insertados en dichos elementos”.
En términos sencillos, se trata de una tinta con sensores capaces de conducir electricidad. Una de sus posibles aplicaciones es en camas hospitalarias, para seguir los movimientos de los pacientes y prevenir las escaras.
Hilsum desarrolló la idea en su cocina, donde instaló equipos de laboratorio y trabajaba con una bata blanca.
“Siempre deberías preocuparte”, dijo una vez, “por hacer algo que ayude a la comunidad”.
Fuente: lanacion.com.ar














