Andrew Scott y Olivia Colman se reunieron este mes en Londres para hablar sobre Elsinore, la película en la que vuelven a compartir pantalla, y recordaron los momentos más destacados de su trabajo en Fleabag.
El filme llega a los cines el 20 de noviembre, y ambos actores aprovecharon el encuentro para repasar una relación profesional que comenzó mucho antes de la célebre serie televisiva.
La amistad entre los dos intérpretes antecede a Fleabag por una década, aunque Colman lo había olvidado. Fue en 2012, durante una adaptación radial de Betrayal —la obra clásica de Harold Pinter— emitida por BBC Radio 4, cuando se conocieron por primera vez. Él se lo recordó entre risas durante la conversación.
Según una entrevista publicada por Vanity Fair, el reencuentro de ambos en Elsinore marca un cambio de registro: del tono irónico de la anterior seriea un drama sobre arte, enfermedad y decisiones límite.
Charleson eligió el escenario sobre su propia salud
En Elsinore, Scott encarna a Ian Charleson, actor escocés que decidió interpretar a Hamlet en el National Theatre mientras vivía en secreto con HIV, una enfermedad que ataca el sistema inmunitario y debilita las defensas del cuerpo.
Colman da vida a la doctora Margaret Johnson, quien desaconseja al protagonista asumir ese papel por el riesgo que supone para su estado físico. El conflicto central de la película gira en torno a esa tensión entre el deseo artístico y la supervivencia.
El actor explicó la posición del personaje de ella: “Puedes tener más tiempo. Si te das un poco más de tiempo, entonces podría haber algunos avances en el tratamiento. Pero si sigues así, vas a dañar tu sistema inmunológico y te vas a perjudicar. Podría ser fatal”. A pesar de ello, el protagonista decide subir al escenario.
Charleson falleció seis semanas después de aquella actuación. El irlandés señaló que la película plantea una pregunta sobre la calidad frente a la cantidad de tiempo, y que los dos personajes llegan gradualmente a un entendimiento. Para preparar el papel, el intérprete tuvo que reaprender el texto de Hamlet, ya que lo había representado 150 veces en Londres en 2017.
Fleabag nació de una caminata por el Soho londinense
Antes de Elsinore, los dos actores compartieron escenas en Fleabag, la serie creada por Phoebe Waller-Bridge. Colman interpretó a Madrastra, una villana pasivo-agresiva, mientras que Scott fue el “cura atractivo” de la segunda temporada, un personaje que se convirtió en fenómeno cultural.
La británica reveló que financió parcialmente la primera versión de la obra para que llegara al Festival de Edimburgo y que luego le pidió directamente a Waller-Bridge participar en alguno de sus proyectos. “¿Puedo participar? ¿O puedo participar en cualquier cosa que escribas?”, recordó haberle dicho a la autora.
El intérprete, por su parte, contó que la idea del sacerdote surgió de una larga conversación con Waller-Bridge. Ambos caminaron durante horas por el Soho londinense, un histórico barrio del centro de Londres.
Luego se sentaron en la sala de reuniones cuáquera de St. Martin’s Lane —un espacio de silencio y meditación en pleno centro de la ciudad— durante casi dos horas, hablando de amor y religión. Esas charlas, según el actor, fueron incorporadas al guion.
Actuar enfermos: una práctica habitual entre ambos
Durante la entrevista, los dos intérpretes reconocieron haber rodado escenas con problemas de salud graves. El actor confesó que grabó la célebre escena de la cena en Fleabag con 39,4℃ de fiebre; mientras que la actriz, a su vez, dijo que tuvo neumonía durante el rodaje de Wicker.
Ambos vincularon esa experiencia con la historia de Charleson: actuar permite olvidar el malestar físico por un tiempo, aunque el cuerpo pague las consecuencias después. “Tu cerebro lo sabe, pero tu cuerpo no, y sigues adelante”, dijo Scott sobre esa dinámica.
Las audiciones presenciales, decisivas en sus carreras
Otro tema que ocupó parte del diálogo fue el de las pruebas de selección para conseguir papeles. Colman defendió las audiciones en persona y aseguró que esa dinámica fue clave en su carrera. “Voy a ganármelos. Voy a hacerlo”, describió como su actitud habitual al entrar a una sala donde sentía que no la consideraban la candidata obvia.
Scott recordó su prueba para Sherlock con una estrategia diferente: decidió impresionar a los presentes mediante la intensidad. Ambos coincidieron en que grabar una prueba en video —el formato que se generalizó en los últimos años— limita la posibilidad de ajustar la interpretación ante las indicaciones de quien dirige el proceso, algo que consideraron una desventaja para los actores en la actualidad.
La intérprete también compartió un método personal para saber si había quedado descartada: ofrecía dejar el guion al final de la audición. Si le decían que sí, interpretaba esa señal como un rechazo.
La lógica detrás de ese método es que, si los productores o directores querían conservar el guion, significaba que no pensaban llamar a esa actriz de nuevo. En cambio, si lo necesitaban para seguir haciendo pruebas con otras candidatas, se lo pedían, lo que ella interpretaba como una señal de descarte.
Fuente: infobae.com














