Una subasta en Nueva York adjudicó el 21 de octubre un torso imperial romano de casi 2.000 años por USD 34,3 millones, en una disputa entre cinco compradores. El precio final triplicó la estimación máxima de USD 12 millones y estableció un récord para una antigüedad romana en Sotheby’s.
Según informó Forbes Argentina, la obra es un torso de mármol del siglo I de aproximadamente 1,10 metros de altura que retrata a un emperador romano con coraza ceremonial. Pertenece al período de la primera dinastía imperial, desde Augusto hasta Nerón, y desconcertó a los especialistas durante décadas: nadie pudo determinar con certeza a qué gobernante representa. Las investigaciones apuntan a tres candidatos: Augusto, Tiberio y Claudio.
La hipótesis más respaldada señala a Tiberio como el retratado en el mármol
La teoría con mayor consenso identifica al torso con Tiberio, quien gobernó Roma entre los años 14 y 37 d. C. En 1924, el investigador esloveno Walter Schmid propuso que la pieza celebraba sus victorias militares sobre los pueblos de Panonia y Dalmacia, en los Balcanes. La clave está en la armadura, decorada con figuras aladas de la Victoria y un trofeo militar que podría aludir a esas conquistas.
En 2014, el arqueólogo Dražen Maršić, de la Universidad de Zadar, Croacia, publicó un análisis de la obra y señaló que ciertos detalles coinciden con piezas del período de Tiberio. Sin embargo, también cuestionó que las imágenes de la coraza permitan identificar una victoria militar concreta, por lo que la atribución sigue siendo materia de debate entre los especialistas.
La segunda posibilidad apunta a Augusto, el primer emperador romano. El arqueólogo Duje Rendić-Miočević planteó esta variante a partir de la simbología de la indumentaria militar, donde aparece Sol, el dios romano del sol, conduciendo un carro tirado por cuatro caballos. Alexandra Olsman, vicepresidenta y especialista en antigüedades de la casa de subastas, escribió que la obra “es mucho más que una representación de un emperador”: su decoración funcionaba como demostración de autoridad política y militar, aunque esos símbolos también fueron utilizados por los sucesores de Augusto.
La cabeza era intercambiable y pudo representar a más de un gobernante
El propio diseño de la pieza abre otra lectura sobre su identidad. La cabeza no formaba parte del mismo bloque de mármol, sino que se elaboraba por separado y podía sustituirse. Calvine Harvey, vicepresidenta sénior de la firma, lo explicó durante una presentación ante Reuters: “Fue diseñada deliberadamente sin cabeza, de modo que, a medida que se sucedían los emperadores, se podía colocar el retrato de cada uno sobre este extraordinario torso que simboliza el poder”.
Esa característica abre la posibilidad de que el torso haya encarnado originalmente a Augusto y luego a Tiberio o Claudio, aunque no existen pruebas de que esos reemplazos se hayan producido. Maršić también identificó detalles que podrían corresponder a una fecha posterior a Tiberio, lo que suma a Claudio —quien gobernó entre los años 41 y 54 d. C.— como tercera opción. Pero eso tampoco confirmaría que la pieza lo retrate a él.
La escultura estuvo perdida décadas y reapareció detrás de una puerta tapiada
Procedente de la antigua ciudad romana de Salona, cerca de la actual Split en Croacia, la obra fue adquirida en el siglo XIX por el coleccionista austríaco Aloys Maximilian Neumann. Permaneció en manos de sus descendientes y durante décadas se la consideró desaparecida, hasta que reapareció detrás de una puerta tapiada durante la remodelación de una vivienda en Graz, Austria.
En 2010 volvió al mercado internacional y la subastadora la vendió por USD 7,36 millones. En los años siguientes fue exhibida en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, la Galería de Arte de la Universidad de Yale y el Museo J. Paul Getty de Los Ángeles. Dieciséis años después regresó a la misma sala y su precio se multiplicó casi cinco veces.
“El resultado habla de la extraordinaria rareza de la obra”, declaró Margaret Schwartz, responsable global de Escultura Europea y Antigua de Sotheby’s, en declaraciones a la plataforma especializada Artnet. Su nuevo propietario pagó USD 34,3 millones por una de las esculturas romanas más importantes que llegaron al mercado, pero ese dinero no resolvió el interrogante central: casi dos mil años después, todavía se desconoce a quién perteneció el rostro que coronó esa armadura.
Fuente: infobae.com














