Un alumno entrega un ensayo impecable que no escribió. Una escuela, alarmada, contrata una capacitación para “incorporar la inteligencia artificial”. En los dos casos aparece la misma intuición, la de que se trata de un problema técnico con una solución técnica. Y ahí la escuela se equivoca. Sale a buscar afuera una formación para una tecnología que, para entenderse de verdad, necesita precisamente las materias que ya enseña. Buena parte de lo que necesita ya está ahí, en geografía, economía, historia, literatura y filosofía. Las disciplinas que ya enseña. Para entender esto, conviene empezar por una pregunta en apariencia ingenua. ¿Dónde está ChatGPT? ¿En el teléfono? ¿En la empresa que lo fabricó? ¿En la nube? ¿O, de una manera menos…
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Fuente: lanacion.com.ar






