Un profesor grita. Los alumnos se ríen. Se burlan. Alguien graba. En pocas horas, miles de personas participan del debate. El video circula y la mayoría se hace la misma pregunta: ¿cómo llegamos a que un adulto tenga que dar clase así?La escena se repite cada vez con más frecuencia. Y mientras discutimos metodologías, hay aulas donde la clase directamente no puede empezar.Algunos pueden llegar a cuestionar al docente. ¿Por qué gritó? ¿Por qué perdió la paciencia? Claro que un docente debería poder sostener su autoridad sin perder las formas ni reaccionar de cualquier manera. Pero hay una pregunta anterior: ¿qué pasó antes de que llegara a ese punto? ¿Cuántas veces pidió silencio? ¿Cuánto tiempo intentó dar la clase? ¿Cuántas…
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Fuente: lanacion.com.ar






