Las elecciones en Israel pueden llevar a un callejón sin salida. Según los resultados preliminares, con el 85,6% de los votos escrutados, el bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu obtiene 53 bancas, la oposición liderada por Gadi Eisenkot, 48, y los partidos árabes, 19. Ninguno de los dos principales bloques alcanza por sí solo los 61 escaños que garantizan la mayoría absoluta en la Knesset, el Parlamento israelí.
El resultado no define de manera automática quién será primer ministro. En Israel, los votantes eligen listas partidarias nacionales y luego comienza una negociación para construir una mayoría parlamentaria. Esa etapa puede durar semanas… También puede fracasar.
La clave está en los partidos árabes, que obtuvieron una representación decisiva, y en la negativa previa de Netanyahu y de sectores de la oposición a depender de ellos para formar un gobierno. Si mantienen esas posiciones, será mucho más difícil que alguno de los dos consiga los votos necesarios para gobernar.
Israel ya transitó ese camino: entre 2019 y 2022 celebró cinco elecciones en tres años y medio. Y el escenario actual parece ir en esa dirección.
Voto nacional para un Parlamento de 120 miembros
Israel es una democracia parlamentaria con una sola circunscripción electoral: todo el país vota como un distrito único para elegir a los 120 miembros de la Knesset.
Los ciudadanos no votan de manera directa al primer ministro ni a candidatos individuales. Eligen una lista cerrada presentada por un partido o una alianza. La cantidad de bancas que recibe cada fuerza depende de su proporción del voto nacional.
Para entrar al Parlamento, una lista debe superar el umbral del 3,25% de los votos válidos. Los sufragios de los partidos que no llegan a esa marca quedan fuera del reparto de escaños. Después, las bancas se distribuyen de manera proporcional entre las fuerzas que sí cruzaron el umbral, y a través de acuerdos previos entre partidos para compartir excedentes de votos.
El modelo permite que muchas fuerzas políticas lleguen al Parlamento, pero también hace más difícil construir mayoría. Es más, ningún partido obtuvo nunca por sí solo 61 bancas, la mitad más uno de los escaños del Parlamento. En Israel, gobernar siempre exige pactar.
El presidente no designa necesariamente al ganador
El partido más votado no tiene asegurado el gobierno. Una vez que se oficializan los resultados, el presidente Isaac Herzog consulta a las fuerzas que ingresaron al Parlamento y toma nota de a quién recomienda cada una para encabezar el próximo Ejecutivo.
Con esa lista sobre la mesa, el presidente encarga la formación de gobierno al legislador que considere con mayores posibilidades de reunir apoyo parlamentario. Suele ser el líder del partido más grande o de uno de los bloques principales, pero no es una obligación.
El primer designado dispone de 28 días para negociar una coalición y puede recibir una prórroga de hasta 14 días. Si fracasa, Herzog puede encomendar la tarea a otro miembro de la Knesset, que tendrá otros 28 días sin extensión. También puede comunicar que no ve posibilidades de formar gobierno.
Si tampoco hay acuerdo, se abre una instancia final: durante un plazo de 21 días, una mayoría de 61 legisladores puede solicitar al presidente que encargue la formación de gobierno a un candidato determinado. Si reúne las firmas necesarias, ese legislador dispone de 14 días para intentarlo. Si nadie logra formar gobierno, el Parlamento se disuelve y se convocan nuevas elecciones dentro de los 90 días.
Mientras tanto, el gobierno saliente permanece en funciones como administración de transición, sujeto a restricciones jurídicas y controles sobre determinadas decisiones de gran alcance. Es decir, Netanyahu podría seguir como primer ministro aunque no consiga reunir los votos para formar un nuevo gobierno. Si las negociaciones fracasan y se convocan nuevas elecciones, esa continuidad podría prolongarse durante meses.
La aritmética que complica a Netanyahu y a Eisenkot
Hoy ninguno de los dos espacios mayoritarios puede llegar a 61 sin romper promesas de campaña, atraer legisladores del otro bloque o negociar alguna forma de respaldo con los partidos árabes.
Netanyahu necesitaría sumar ocho votos. Eisenkot, 13. Pero la cuestión no es solo cuántas bancas faltan, sino de dónde podrían salir.
El líder opositor había rechazado gobernar con legisladores árabes, pero dejó abierta la posibilidad de negociar con ellos. Una alternativa sería formar un gobierno minoritario: una coalición con menos de 61 bancas que consiga la confianza de la Knesset si obtiene más votos a favor que en contra, gracias a las abstenciones de otras fuerzas. Los partidos árabes también podrían respaldar desde afuera a un Ejecutivo sin integrar el gabinete.
Esa alternativa, sin embargo, requiere un acuerdo político que todavía no existe y que podría profundizar las tensiones dentro de la oposición. También implicaría que un gobierno nacido de ese pacto tenga que negociar prácticamente cada votación para mantenerse en el poder.
La posibilidad de un gobierno de unidad
La otra salida sería un gobierno de unidad entre sectores de Netanyahu y de la oposición. El antecedente existe en la política israelí, pero la distancia entre los actores hace que esa opción aparezca, por lo menos por ahora, remota.
De hecho, Eisenkot ha rechazado integrar un Ejecutivo encabezado por Netanyahu. Un eventual esquema de rotación tampoco resolvería necesariamente las diferencias entre ambos.
La campaña estuvo atravesada por la guerra en Gaza, la seguridad, el vínculo con los ciudadanos árabes de Israel, el peso de los partidos ultraortodoxos y la continuidad de un gobierno que llevó al país hacia la derecha. Un acuerdo de unidad exigiría concesiones en todos esos temas, además de negociaciones sobre el reparto de ministerios, presupuesto y prioridades legislativas.
El sistema electoral israelí permite que partidos relativamente pequeños tengan un peso decisivo en la formación de gobierno. En esta elección, los 19 escaños de las fuerzas árabes podrían inclinar la balanza. Ahora bien, habría que ver quién esta dispuesto a pagar el costo político de depender de ellos.
El próximo paso será la publicación de los resultados oficiales y las consultas de Herzog con los partidos electos. Recién entonces se sabrá quién recibe el primer mandato para formar gobierno. Pero mientras la oposición necesita construir una mayoría para desplazar a Netanyahu, él puede permanecer en el poder hasta que se forme un nuevo gobierno. Incluso si Israel vuelve a las urnas.
Fuente: infobae.com














