El consumo global de pescado se duplicó en los últimos 60 años, pero una parte creciente de esa demanda tiene un costo que permanece fuera de la vista de los consumidores. Una investigación de The New York Times advierte que la expansión de la acuicultura basada en harina de pescado agrava la sobrepesca, expone a trabajadores a condiciones peligrosas y afecta a comunidades costeras en distintos continentes.
El mecanismo comienza con especies pequeñas capturadas en el mar, que no se destinan al consumo humano directo. Son procesadas para producir harina y aceite de pescado, insumos usados principalmente para alimentar salmones, camarones y otros animales criados en granjas acuícolas.
Según la investigación, una quinta parte de las capturas mundiales se destina a usos no alimentarios, en su mayoría a esa cadena de producción. El relevamiento identificó más de 1.400 plantas de harina de pescado y más de 2.400 embarcaciones vinculadas con esta actividad. También documentó infracciones o riesgos en las cadenas de suministro de más de 250 compañías del sector.
La alimentación de peces de cultivo presiona sobre especies silvestres
La expansión de la harina de pescado ocurre mientras un tercio de las poblaciones de peces del mundo ya se explota a niveles insostenibles. Entre las embarcaciones que abastecen a la industria figuran buques de arrastre de fondo, que emplean redes lastradas capaces de dañar el lecho marino y capturar especies que no eran su objetivo.
El informe señala que cientos de barcos operaron en zonas cerradas o protegidas, excedieron cuotas de pesca o navegaron sin licencias. Algunas flotas también habrían apagado sus transpondedores o falseado su posición para evitar controles.
La conversión de peces silvestres en alimento para criaderos expone una paradoja productiva. De acuerdo con los datos recogidos por el diario, se necesitan más de 700 anchoas silvestres para alimentar a un solo salmón de cultivo. En granjas noruegas, un salmón puede consumir entre dos y más de cinco veces su propio peso en pescado capturado en el mar.
África occidental pierde una fuente básica de proteínas
En las costas de Mauritania, Senegal y Gambia, las capturas de especies como sardinelas, sardinas y alachas abastecen a fábricas de harina de pescado. Estos peces, situados en la parte baja de la cadena alimentaria marina, son esenciales en la dieta de millones de personas de África occidental.
La sardinela es una de las fuentes de proteína animal más asequibles de África occidental. Sin embargo, según la investigación, la población de su variedad redonda cayó al nivel más bajo registrado desde la expansión de esta industria. Además, tres de las cuatro especies más demandadas por las plantas están clasificadas por Naciones Unidas como sobreexplotadas.
La reducción de las capturas también golpeó a pescadores artesanales, comerciantes y trabajadoras que secan o ahúman pescado para mercados locales. En Senegal, la falta de empleo en el sector fue asociada con el aumento de la migración hacia las islas Canarias, en España. “Somos pescadores, pero aquí ya no queda pescado”, relató el joven Cheikhou Omar a The New York Times tras sobrevivir a un naufragio en 2024.
Accidentes laborales y denuncias de trabajo forzoso
La cadena de producción también presenta riesgos para sus trabajadores. Tripulantes entrevistados describieron jornadas de hasta 15 horas, retención de pasaportes, agresiones y restricciones para abandonar los barcos. La investigación registró casos de lesiones, muertes y denuncias de trabajo forzoso en buques chinos y rusos.
En Perú, el mayor productor mundial de harina de pescado, más de una docena de personas murieron desde 2019 en actividades ligadas a esta industria, de acuerdo con el relevamiento. Algunos trabajadores se desmayaron por gases tóxicos desprendidos de grandes volúmenes de pescado en descomposición.
En 2023, dos hombres murieron asfixiados tras caer en la bodega de una embarcación que descargaba anchoas para una compañía. Desde la empresa, sostuvieron que el hecho no fue responsabilidad suya. Ese mismo año, un pescador de TASA murió tras ser golpeado por un cable en el mar.
Las plantas generan conflictos ambientales y sociales
Las instalaciones donde se cocina y pulveriza pescado también son señaladas por contaminación, incendios y malos olores. Más de 16,5 millones de personas viven a menos de 1,6 kilómetros de las 1.400 plantas identificadas por la investigación, incluidas cerca de dos millones de menores de 15 años.
En India, las protestas contra fábricas del sector se multiplicaron por denuncias de problemas respiratorios y olores persistentes. En el estado de Tamil Nadu, una manifestación de 2024 contra la planta NPM derivó en enfrentamientos entre residentes, policías y un grupo de hombres armados con cuchillos, botellas y palos.
La producción también dejó episodios de contaminación de aguas subterráneas y ríos. En 2020, autoridades del estado indio de Goa detectaron que cuatro instalaciones eliminaban residuos mediante perforaciones clandestinas. En Perú, explosiones en una planta de Chimbote en 2023 generaron reclamos vecinales.
La demanda de pescado de criadero seguirá en aumento. Naciones Unidas estima que para 2035 casi dos tercios de los productos del mar consumidos en el planeta procederán de la acuicultura. Entre las alternativas citadas aparecen los moluscos bivalvos, como mejillones, ostras y almejas, que se alimentan filtrando nutrientes del agua, además de piensos elaborados con algas, insectos o proteínas microbianas.
Fuente: infobae.com














