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La paradoja de Australia: los animales considerados plagas que podrían ayudar a evitar la extinción de especies

El análisis propone evaluar por separado la situación de dromedarios, banteng y ciervos que viven en libertad, considerando tanto las amenazas que enfrentan en sus regiones de origen como los daños ambientales que pueden provocar

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La paradoja de Australia: los animales considerados plagas que podrían ayudar a evitar la extinción de especies

Australia podría funcionar como refugio para especies introducidas que están amenazadas o extinguidas en sus regiones de origen, según un análisis reciente que plantea revisar el manejo de camellos dromedarios, banteng y ciervos asilvestrados.

De acuerdo a The Conversation, el artículo examina, en áreas áridas, tropicales y boscosas del país, cómo estas poblaciones sobrevivieron tras haber sido llevadas allí para transporte, ganadería, caza o abastecimiento de asentamientos.

La discusión surge porque las autoridades australianas destinan recursos al control de animales considerados plagas, debido a su impacto sobre los ecosistemas, la vegetación y la fauna local.

Aunque en los territorios donde evolucionaron sufren una disminución grave, varias de esas especies son abundantes en el país oceánico. Los autores plantean que la respuesta no se limite a optar entre erradicar o proteger a la totalidad de los ejemplares incorporados.

De animales de carga a manadas libres

Los camellos dromedarios, reconocibles por contar con una sola joroba, dejaron de vivir en estado silvestre en los desiertos del norte de África y Oriente Medio hace alrededor de 2.000 años. La especie se mantuvo como animal domesticado hasta que Australia la importó para transportar cargas en su interior seco.

A comienzos del siglo XX, parte de esos individuos quedó abandonada y formó manadas en libertad. Actualmente recorren las zonas áridas y desérticas australianas, una presencia que contrasta con su desaparición de los paisajes silvestres de sus regiones de procedencia.

La situación no se limita a los camellos. Entre los grandes herbívoros introducidos que están amenazados en sus áreas nativas figuran el banteng, el búfalo de agua, caballos, asnos y tres variedades de ciervos.

El Territorio del Norte conserva una población clave de banteng

El banteng, un bovino silvestre originario del sudeste asiático, fue llevado al norte tropical para proveer carne y leche a un intento de asentamiento británico en la península de Couburg, cerca de Darwin. Cuando los colonos se retiraron, los animales permanecieron en el territorio y lograron establecerse.

La población tiene relevancia porque está clasificada como en peligro crítico en su distribución original. La caza, la pérdida de hábitat y las enfermedades redujeron sus números en Asia, mientras que el Territorio del Norte se convirtió en uno de sus principales núcleos de supervivencia.

También hay ciervos que ilustran esa diferencia entre los dos escenarios: el ciervo porcino fue introducido en Victoria durante la década de 1860 para la caza y hoy se encuentra en peligro en el sur y sudeste de Asia, según Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

El ciervo de Java y el sambar son considerados vulnerables y están en declive en sus regiones nativas, aunque mantienen poblaciones establecidas en el territorio australiano.

A escala global, el análisis señala que cerca del 20% de los mamíferos introducidos está amenazado en su distribución nativa. La proporción aumenta entre la megafauna incorporada—animales de más de 45 kilogramos—, ya que aproximadamente la mitad está amenazada o extinguida donde surgió.

El control busca reducir daños ambientales

El Gobierno de Nueva Gales del Sur informó una inversión récord de millones en su programa de manejo de cerdos y ciervos asilvestrados. Estas medidas buscan reducir los daños que causan en los ecosistemas y en la actividad agropecuaria.

La competencia por alimento con especies nativas y ganado, junto con los daños a la vegetación y el suelo que provocan al comer plantas y pisotear el terreno, se debe a que estos animales viven en libertad. Por esta razón, anualmente son sacrificadas grandes cantidades de dromedarios, ciervos y banteng.

Los autores aclaran que la preocupación por la fauna autóctona justifica reducir amenazas, en un país donde numerosas variedades nativas se extinguieron desde la colonización y otras continúan en declive.

La fragmentación de hábitats, el cambio climático y la disminución de las prácticas tradicionales de quema de los pueblos originarios también contribuyen a ese deterioro.

El conejo europeo muestra por qué no se plantea una protección general: aunque está amenazado en Europa occidental, en Australia afecta el suelo y la vegetación, sobre todo en zonas agrícolas. En cambio, existen argumentos para proteger al banteng.

El debate reúne dos posturas. Por un lado, algunos conservacionistas defienden el control de las especies introducidas debido a los daños que pueden ocasionar a la fauna nativa, la agricultura y los ecosistemas, según Wildlife Research. Por otro, investigadores plantean considerar su valor para la conservación cuando las poblaciones establecidas fuera de su hábitat original pueden contribuir a prevenir la extinción de una especie, de acuerdo con un artículo publicado en Cambridge Prisms: Extinction.

La propuesta de los especialistas apunta a evaluar el riesgo y el posible valor de conservación de cada población, en lugar de aplicar una única respuesta a todas las especies no nativas.

La erradicación ya no es viable para muchas especies extendidas

La erradicación total dejó de ser un objetivo realista para la mayoría de los animales introducidos en el continente. El análisis menciona que pocos consideran posible eliminar por completo a conejos, gatos, zorros, camellos, ciervos, cabras, caballos y cerdos asilvestrados del país oceánico.

En muchos casos, el manejo pasó a enfocarse en la contención, la reducción de daños o el control local. La erradicación tendría mayor sentido en islas, reservas cercadas o ante poblaciones pequeñas, recientes y capaces de producir cambios rápidos en un ambiente.

Los autores sostienen que cuando una especie está muy extendida, es difícil de retirar o tiene importancia mundial por su estado de amenaza, debería abandonarse la meta de eliminarla por completo. También plantean analizar los cambios provocados por la expansión agrícola y urbana, la fragmentación de hábitats y la reducción de dingos.

Una investigación publicada en la revista científica Conservation Biology señaló que dar protección a algunos tipos introducidos que viven libres no modificaría de manera importante los planes actuales para conservar la fauna nativa.

Sin embargo, ciertas zonas de Europa, el suroeste de Estados Unidos y el centro de Australia adquirirían mayor importancia mundial para prevenir extinciones, incluidas las del ciervo dama y el asno salvaje africano.

Fuente: infobae.com

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