Hay restaurantes que, con el tiempo, se incorporan a la rutina del barrio. La mesa de siempre, el saludo al entrar, una familia que vuelve semana tras semana, el perro que ya conoce al equipo o el vecino que pasa aunque no vaya a sentarse son escenas que exceden la comida.Algunos nacieron explícitamente con vocación de cantina; otros fueron encontrando ese lugar a partir de la recurrencia, el trato con los vecinos o una atención capaz de reconocer a quien vuelve. Distintas cocinas y escalas enfrentan así una misma pregunta: cómo evolucionar sin perder aquello que las volvió reconocibles.Cuando volver se convierte en costumbre“A Coruña nació con una idea muy concreta: ser una cantina de barrio, de esas que forman…
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Fuente: lanacion.com.ar






