Morder un juguete, una zanahoria o un objeto encontrado durante un paseo no es una conducta secundaria para los perros. Roer responde a una necesidad biológica vinculada con su bienestar, aunque la elección de un material inadecuado puede exponerlos a lesiones en la boca, atragantamientos o problemas digestivos.La vida doméstica resolvió la obtención de alimento, pero no eliminó el impulso de masticar, desgarrar y manipular objetos con la boca. La cuestión, por lo tanto, no es impedir de forma automática esa conducta, sino ofrecer alternativas que contemplen la forma de morder, el tamaño y la etapa de vida de cada animal.De acuerdo con un artículo de The Conversation, firmado por Gabriela Barrera, profesora de Máster de Etología de la Universidad…
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