La visita del papa León XIV a la Argentina, prevista para noviembre, abrió dos frentes en el Gobierno: por un lado, la esperanza de que la estadía del máximo referente de la Iglesia Católica sea un factor de unidad de la población y permita mostrar coordinación con otros sectores para los preparativos. Por el otro, la incomodidad por los cuestionamientos a la administración libertaria por sus políticas y los reclamos por los más vulnerables.
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