Que el cine sea hogar de monstruos es pura naturaleza: la pantalla nació grande y se volvió gigante. Todo lo que la habita es colosal y tiende a lo monstruoso. Y desde sus primeras décadas asumió su apetito por lo enorme: los clásicos primigenios de la pantalla (desde la italiana Cabiria hasta la estadounidense El nacimiento de una nación) apostaron por la desproporción. De hecho, uno de los grandes descubrimientos del cine clásico es que el mundo ficticio ante la cámara pareciera más grande y desbordase los límites de la pantalla.
Fuente: lanacion.com.ar














