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La soledad de Javier Milei: derrumbe en la economía, fracturas en su armado político y traspiés en el ámbito internacional

La interna cada vez más profunda del Gobierno, el acelerado descrédito internacional del Presidente, la cerrazón ideológica y los errores políticos empiezan a dar frutos negativos. En un escenario complejo para el líder libertario, el establishment busca desesperadamente un reemplazo.

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La soledad de Javier Milei: derrumbe en la economía, fracturas en su armado político y traspiés en el ámbito internacional

El posmileísmo ya comenzó. Si no aparece un factor externo que modifique el deterioro de las condiciones de relación entre el proyecto más insólito de la historia democrática argentina y la sociedad, el destino parece inexorable. Es cierto que aún no hay un liderazgo opositor que lo amenace.

Es verdad también que, por sus propias características excepcionales, el libertarismo ya ha gozado de eventos que lo favorecieron cuando parecía todo perdido. La aparición del secretario del Tesoro de Trump, Scott Bessent, funcionó el año pasado como un deus ex machina que conjuró los peligros previos a la elección legislativa. Pero, por motivos que desarrollaremos, no parece tan fácil que esa asistencia vuelva a repetirse del mismo modo.

Lo que ya se discutía en privado, comienza a hacerse público y se ve en la interna cada vez más profunda del Gobierno y en el acelerado descrédito internacional que la figura del presidente argentino ha sufrido en las últimas semanas. El impacto de errores políticos, cerrazón ideológica, despreocupación por la gestión cotidiana y una retórica grandilocuente y violenta comienza a dar frutos negativos, incluso en los sector más encumbrados del establishment, que buscan desesperadamente un reemplazo para mantener un rumbo que los beneficia, pero cuyo timonel se ha vuelto insustentable. La situación es compleja e implica ciertas situaciones preocupantes para el futuro presidencial.

Esta semana se dio la paradoja de que Martín Menem terminó teniendo que respaldar las ambiciones de reelección de Milei, en medio de las señales de autonomía política que viene mostrando Patricia Bullrich y de sus declaraciones sobre una eventual candidatura presidencial. El presidente de la Cámara de Diputados, vicepresidente nacional de La Libertad Avanza y uno de los dirigentes más cercanos a Karina Milei, fue categórico durante un encuentro con estudiantes de la Fundación Universitaria del Río de la Plata, uno de los enlaces del Departamento de Estado norteamericano con la Argentina: «No hay dos candidatos a presidente en LLA. Es unánime que el único candidato es Javier Milei».

También calificó el liderazgo del mandatario como «único e irrepetible» y sostuvo que la Argentina está «premiada» por tenerlo como presidente. La declaración no quedó circunscripta a una intervención parlamentaria: la cuenta de X El Jefe, vinculada al entorno de Karina Milei, difundió el fragmento y el propio Presidente lo retuiteó. El gesto convirtió una definición de Menem en un mensaje avalado directamente por Milei, dirigido a Bullrich y a cualquiera que imagine una alternativa dentro del oficialismo.

Esto sucede porque las dudas existen. Nadie desmiente la salida de un DT cuando al equipo le va bien. El problema de confianza en la capacidad de Milei para continuar liderando el proyecto es eminentemente político pero tiene su centro, como siempre, en la base material.

La economía argentina no para de caer y el propio Banco Central tuvo que reconocerlo. En su último Informe de Política Monetaria, la entidad admitió que el Producto Bruto Interno (PBI) retrocedió durante el tercer trimestre de 2026, después de haber caído un 0,6% en el segundo. Dos trimestres consecutivos de contracción que dejan atrás el relato de una recuperación sostenida.

El golpe se siente en el consumo, la inversión y los sectores que dependen del mercado interno. El diagnóstico del organismo expone la profundidad del deterioro. En el segundo trimestre, el consumo privado se desplomó un 2,4% y la inversión retrocedió un 0,8%, después de siete trimestres consecutivos de crecimiento.

A ese escenario se sumaron los derrumbes de la industria, la construcción y el comercio, afectados por la desaceleración económica, las interrupciones del suministro de gas a establecimientos industriales y las condiciones climáticas adversas. El BCRA identificó un impacto particularmente fuerte durante julio y una estabilización de la actividad en agosto. El informe también muestra la fractura del aparato industrial.

Mientras las ramas orientadas a la exportación crecieron un 3,2% interanual y alcanzaron niveles récord, las actividades más dependientes de la protección comercial se desplomaron un 9% en agosto. Textiles, calzado, electrodomésticos y equipos informáticos figuran entre los rubros más castigados. La apertura económica y el derrumbe del consumo interno golpean sobre un entramado productivo que pierde empresas, producción y puestos de trabajo.

En este panorama, el Banco Central pronostica igualmente un aumento significativo de la actividad durante el cuarto trimestre. La apuesta oficial es que la normalización del agro y la desaparición de los factores que afectaron julio permitan un fuerte rebote. La proyección, sin embargo, viene acompañada de una advertencia sobre noviembre.

El propio organismo contempla que los indicadores de actividad podrían verse afectados por la reducción excepcional de días hábiles debido a los feriados vinculados con la visita del papa León XIV. La excusa ya había sido anticipada por el ministro de Economía, Luis Caputo, que siempre es creativo a la hora de justificar sus propios fracasos. Se diga lo que se diga, la actividad económica acumuló entre diciembre de 2025 y agosto de 2026 una contracción que la ubica entre los peores registros de las últimas tres décadas.

Según la comparación elaborada por la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, se trata de la tercera caída más profunda desde 1993, si se excluye el año de la pandemia. Solo queda por detrás de las registradas en 2001 y 1995, pero supera las de otros episodios recesivos severos, como 2000, 2002 y 2018. La comparación permite dimensionar la magnitud del retroceso actual.

No se trata de una desaceleración pasajera ni de un mal resultado aislado, sino de una contracción que, por su intensidad, se ubica entre las más profundas de la historia económica reciente. De hecho, el deterioro de la economía real tiene su correlato en el frente financiero. En medio de una ola de ventas globales y del derrumbe de los mercados brasileños, los activos argentinos acumularon cinco jornadas consecutivas de pérdidas.

El índice Merval se desplomó un 10,1% en la semana y cayó por debajo de los 92.000 puntos. Las bajas alcanzaron a las principales empresas argentinas que cotizan en Wall Street. Edenor perdió un 17,2%, Banco Supervielle un 17,1%, Grupo Galicia un 15% e YPF un 7,9%.

Los bonos soberanos en dólares retrocedieron un 3% promedio. La desconfianza de los inversores también disparó el riesgo país, que trepó hasta los 790 puntos básicos, su nivel más alto desde octubre de 2025. El indicador acumuló una suba superior a los 80 puntos en apenas una semana.

El Gobierno atribuye el derrumbe al contagio de la crisis internacional, la incertidumbre generada por las elecciones brasileñas, la guerra en Medio Oriente y la suba de las tasas de interés en Estados Unidos. Los factores existen, pero hay un dato que complica la explicación oficial. El castigo a la Argentina es muy superior al que reciben sus vecinos.

La comparación regional muestra esa diferencia. Mientras el riesgo país argentino supera los 700 puntos, Brasil se mantiene por debajo de los 200, Chile ronda los 100 y Uruguay ni siquiera llega a los 80. Brasil cuenta con más de 360.000 millones de dólares de reservas internacionales, conserva acceso al financiamiento y tiene la mayor parte de su deuda denominada en moneda propia.

Argentina, en cambio, sigue sin resolver su restricción de dólares y enfrenta serias dificultades para refinanciar sus compromisos externos. La misma noticia política que sacudió a los mercados brasileños no produjo allí un salto equivalente del riesgo de default. Algo similar ocurre con la suba de las tasas estadounidenses y la guerra en Medio Oriente.

Cuando aumentan los rendimientos de los bonos del Tesoro norteamericano, los inversores buscan refugio en activos más seguros y exigen mayores tasas para financiar a los países emergentes. El encarecimiento del petróleo y las tensiones geopolíticas agregan incertidumbre. Pero la Argentina llega a este escenario sin haber resuelto su principal restricción.

Las reservas representan apenas el 7,4% del PBI, frente a un promedio regional del 15,3%, y el país enfrenta vencimientos de deuda por unos u$s29.000 millones en 2027. La falta de acceso al crédito internacional y las dudas sobre la acumulación de reservas mantienen bajo presión al esquema económico. Esto tampoco es exclusivamente una consecuencia de los últimos acontecimientos internacionales.

Entre el 15 de julio y el 3 de septiembre, antes de la suba de tasas estadounidense, el riesgo país argentino ya había aumentado un 23%, mientras el promedio de los mercados emergentes había bajado un 1%. A la falta de reservas y las dificultades para refinanciar la deuda se agregan las dudas sobre la sostenibilidad del esquema cambiario y la incertidumbre electoral de 2027. A la presión sobre las reservas se suma otro frente: la persistente demanda de dólares por parte de los ahorristas.

En septiembre, las personas compraron u$s3.410 millones netos, un monto incluso superior al de agosto, cuando habían demandado u$s3.366 millones. Unos 1,6 millones de individuos compraron billetes y, según las estimaciones del Banco Central, alrededor de u$s1.600 millones de esas divisas terminaron destinados al ahorro, entre depósitos bancarios y activos externos. El dato más significativo aparece en el acumulado anual: entre enero y septiembre, los argentinos compraron u$s23.900 millones netos, una cifra equivalente al 90% de los dólares que ingresaron por el superávit comercial de bienes.

La economía genera divisas a través de las exportaciones, pero una parte sustancial vuelve a salir del circuito productivo y financiero local por la dolarización de los particulares. Las señales de desgaste también empiezan a aparecer en las mediciones electorales. Una encuesta de CB Global Data, realizada entre el 21 y el 25 de octubre sobre 1.151 casos en todo el país, ubicó a Javier Milei en apenas el 27,1% de intención de voto.

No se trata de una tendencia mayoritaria ni de un promedio consolidado de consultoras, pero la aparición de una medición por debajo de los 30 puntos constituye una señal de alerta para la Casa Rosada. El desconcierto que provocó la derrota de Flávio Bolsonaro en Brasil agregó otro frente de preocupación para el gobierno. Milei había respaldado abiertamente su candidatura y había convertido la elección en una disputa ideológica contra Lula da Silva.

Sin embargo, casi una semana después del triunfo del líder del PT, todavía evita felicitarlo y la Cancillería confirmó que no habrá un reconocimiento formal. La apuesta por construir un eje regional con la derecha brasileña terminó chocando con las urnas y abrió un problema diplomático con el principal socio comercial argentino en la región. La reacción oficial se concentró en la salida de Flávio Bolsonaro y su familia hacia Estados Unidos.

El dirigente abandonó Brasil por Puerto Iguazú y desde allí viajó en un avión privado rumbo a Miami. El episodio abrió interrogantes sobre el papel de Santiago Caputo y de los organismos argentinos que intervinieron en el traslado. La Casa Rosada reconoció que existió coordinación con Washington, aunque sostuvo que el paso por el país fue legal porque Bolsonaro no tenía pedido de captura internacional.

La Policía Federal brasileña inició averiguaciones para reconstruir el recorrido y verificar su salida por Misiones. El intento de instalar sospechas sobre la legitimidad de la elección también quedó desautorizado por la propia derecha brasileña. El Partido Liberal, la fuerza de Bolsonaro, reconoció el resultado proclamado por el Tribunal Superior Electoral, mientras el gobernador de San Pablo, Tarcísio de Freitas, admitió la victoria de Lula.

Otros referentes conservadores comenzaron a reorganizarse para disputar el liderazgo opositor. Flávio, que inicialmente se había presentado como presidente electo, tuvo que abandonar esa denominación y asumirse como líder de la oposición. Incluso Donald Trump evitó desconocer formalmente el resultado.

El contraste fue evidente en el resto de la región. José Antonio Kast, de Chile; Santiago Peña, de Paraguay; Rodrigo Paz, de Bolivia, y Daniel Noboa, de Ecuador, felicitaron a Lula una vez confirmado el resultado. Dirigentes de derecha que mantienen profundas diferencias con el PT entendieron que debían preservar los canales institucionales y diplomáticos.

Milei, en cambio, quedó a contramano de sus propios aliados ideológicos. La situación también puso en cuestión su apuesta internacional a la relación privilegiada con Trump, en la antesala de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre. La fragilidad del esquema económico de Javier Milei está fuertemente condicionada por esa elección.

El Gobierno construyó buena parte de su estrategia financiera y diplomática sobre el respaldo personal de Donald Trump, que en 2025 se tradujo en una intervención directa del Tesoro estadounidense en el mercado cambiario argentino, un swap por u$s20.000 millones y el apoyo de Washington para cerrar el acuerdo con el FMI. Ese auxilio fue decisivo para contener la presión sobre el dólar antes de las elecciones legislativas, pero dejó expuesta una dependencia extrema. Las elecciones de medio término del 3 de noviembre en Estados Unidos pueden alterar ese escenario.

Si los demócratas consiguen el control de una o ambas cámaras del Congreso, Trump perderá margen político y sus decisiones quedarán más expuestas al control parlamentario. El swap y la intervención del Tesoro ya fueron cuestionados por legisladores demócratas, que reclamaron explicaciones sobre el uso de fondos públicos estadounidenses para sostener al gobierno de Milei. Una derrota republicana no implica que Trump pierda automáticamente la capacidad de actuar desde la Casa Blanca, pero sí podría dificultar una nueva operación de rescate y encarecer políticamente cualquier asistencia financiera.

El problema para Milei es que su política exterior quedó demasiado asociada a la suerte de Trump y a una relación personal que no garantiza continuidad. Los intereses estratégicos de Washington en la Argentina -energía, minerales críticos y disputa geopolítica con China- pueden mantenerse más allá de quién controle el Congreso, pero eso no asegura que se traduzcan en nuevos dólares para la Casa Rosada. Si el presidente estadounidense pierde poder, Milei podría conservar un socio comercial y diplomático, pero quedarse sin el principal respaldo político que hasta ahora funcionó como garantía frente a los mercados.

Las diferencias sobre Brasil también atravesaron al oficialismo. Patricia Bullrich evitó felicitar personalmente a Lula, pero marcó distancia de la posición presidencial al sostener que el resultado de las urnas debía respetarse. Su postura expuso una diferencia con Milei que va más allá de la política exterior.

La ministra, ahora al frente del bloque libertario en el Senado, viene ensayando movimientos de autonomía y no oculta sus aspiraciones presidenciales para 2027. La interna también tiene a Karina Milei y Santiago Caputo como protagonistas de una disputa por el control de las decisiones políticas. Después de una semana absorbida por la crisis brasileña, la Casa Rosada necesita recuperar una agenda propia.

El Gobierno busca reactivar la mesa política y convocaría a una reunión el martes en Casa Rosada. El encuentro tendría como dato central la presencia de Bullrich, después de los desencuentros por Brasil y otros posicionamientos presidenciales. El Gobierno necesita recomponer los vínculos internos y con sus aliados.

Esta semana también debería realizarse otro encuentro de los delgados de LLA con los del PRO, pero aún no ha sido convocado. El vínculo con el PRO también atraviesa un momento de enfriamiento, con Mauricio Macri nuevamente en el centro de las diferencias. Aunque el partido de Macri acompañó al Gobierno en distintas votaciones parlamentarias, ese respaldo no se tradujo en un acuerdo político ni electoral para 2027.

Después de varias reuniones entre dirigentes de ambos espacios, las negociaciones siguen estancadas. El propio expresidente lo reconoció esta semana al afirmar que el acuerdo «no ha avanzado nada». También dejó trascender su malestar con la gestión de Milei, a quien cuestiona por la calidad de sus equipos y por una política económica cuyo superávit, según planteó, no alcanza para disimular las dificultades de la actividad.

Detrás de la negociación hay una disputa por el lugar que ocupará cada fuerza en el próximo turno electoral. Macri pretende preservar la autonomía del PRO y su capacidad de negociación, mientras Karina Milei impulsa la consolidación de una estructura libertaria que no dependa de sus antiguos aliados. La Ciudad de Buenos Aires aparece como uno de los principales focos de conflicto, con Jorge Macri decidido a defender el territorio del PRO frente al avance de La Libertad Avanza.

La urgencia inmediata está en el Congreso. El oficialismo necesita reunir voluntades para avanzar con la eliminación o suspensión de las PASO y conseguir respaldo para el Presupuesto 2027. El macrismo condiciona su acompañamiento a modificaciones tributarias, prórrogas de regímenes de promoción industrial y automotriz y al reconocimiento de la deuda que reclama la Ciudad de Buenos Aires por coparticipación, que supera los $628.000 millones actualizados a septiembre.

Diego Santilli deberá continuar las conversaciones con los gobernadores. Hoy, lo máximo que pueda garantizar es la realización de unas PAS, internas no obligatorias. La agenda legislativa que el Gobierno pretende resolver antes del 30 de noviembre incluye el Presupuesto 2027, la reforma política, la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, cambios en la Carta Orgánica del Banco Central y proyectos vinculados con inversiones.

Los tiempos se acortan y los acuerdos todavía no están cerrados. A las dificultades para reunir legisladores se suman los viajes a Washington de algunos de ellos por las elecciones estadounidenses y la visita del papa León XIV, prevista entre el 8 y el 11 de noviembre, que reducirá las jornadas disponibles para la actividad parlamentaria. En paralelo, Milei viajará a España el 4 y 5 de noviembre para participar de la Cumbre Iberoamericana, donde deberá compartir espacio institucional con Pedro Sánchez, uno de sus blancos habituales de ataques políticos, y con el propio Lula.

A su regreso comenzarán los preparativos para la llegada del Papa. En la Casa Rosada siguen con preocupación las posiciones de la Iglesia sobre la pobreza, la discapacidad y el deterioro de las condiciones sociales. Karina Milei interviene personalmente en los contactos con el Vaticano y busca evitar que la visita se convierta en una tribuna de cuestionamiento al rumbo económico, ese que hasta los aliados ya cuestionan.

Fuente: c5n.com

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