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Guantes blancos, señales y una autoridad que se ve en cada esquina: así es Timbu, la curiosa capital de Bután sin semáforos

En pequeñas casetas con motivos tradicionales, estos funcionarios reemplazan a las luces rojas, amarillas y verdes mientras autos, motocicletas y peatones circulan bajo un esquema que resiste al paso del tiempo

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Internacionales
Guantes blancos, señales y una autoridad que se ve en cada esquina: así es Timbu, la curiosa capital de Bután sin semáforos

En Timbu, capital de Bután, los cruces céntricos no dependen de luces rojas, amarillas o verdes. Según National Geographic, la única capital del mundo sin semáforos ordena la circulación mediante agentes de tránsito y rotondas, un sistema que se mantiene desde hace más de tres décadas.

La ciudad, situada en un valle del Himalaya, tiene cerca de 100.000 habitantes y concentra una parte relevante de la actividad administrativa y comercial del reino. En la avenida Norzin Lam, uno de sus principales ejes, agentes de tránsito regulan el paso de autos, motocicletas, minibuses y peatones desde pequeñas casetas decoradas con motivos tradicionales.

Sus indicaciones manuales sustituyen a los dispositivos que organizan la circulación en la mayoría de las capitales. La ausencia de señales luminosas suele sorprender a quienes visitan el país, en especial por el contraste con las grandes ciudades de la región. Sin embargo, el esquema de Timbu se sostiene sobre un volumen vehicular acotado, la intervención de personal en los cruces y una red de rotondas.

Esta particularidad surgió a partir de una experiencia fallida en la década de 1990 y se mantuvo como parte de la evolución urbana de la capital butanesa.

Un semáforo duró poco en la principal avenida de Timbu

Hacia 1995, las autoridades instalaron un semáforo en una intersección de Norzin Lam. La iniciativa tuvo una duración breve: algunas versiones señalan que fue retirado antes de cumplir 24 horas, mientras que otras indican que permaneció activo durante unos pocos días.

El rechazo de una parte de la población y la baja cantidad de vehículos figuran entre los motivos que explican su retiro. La señal luminosa era considerada ajena a la dinámica habitual de la ciudad, donde la circulación ya se organizaba con indicaciones personales y reglas conocidas por los conductores locales.

La escasa densidad vehicular de aquel momento también reducía la necesidad de un sistema automático. Tras el retiro de ese dispositivo, Timbu no volvió a incorporar semáforos en sus calles, según la información publicada por el medio español.

En los cruces principales, los agentes utilizan guantes blancos y movimientos amplios para indicar cuándo avanzar, detenerse o girar. Las instrucciones deben ser visibles para cada carril, sobre todo en zonas con comercios, paradas de transporte público y una mayor presencia de visitantes.

El sistema exige atención de quienes llegan por primera vez. Las señales manuales pueden diferir de las habituales en otros países y los peatones deben adaptarse al ritmo de cada intersección. Las rotondas y el control de los agentes concentran la regulación del tránsito en una capital de escala reducida frente a otras ciudades asiáticas.

El relieve del Himalaya condicionó la apertura de Bután

La particularidad vial de Timbu forma parte de la historia reciente de un país que durante siglos tuvo vínculos limitados con el exterior. Bután se encuentra entre China e India, posee una superficie menor que la de Extremadura y está atravesado por cordilleras, valles profundos y montañas que superan los 7.000 metros de altura.

Ese relieve condicionó las comunicaciones dentro y fuera del país. Bután autorizó el ingreso de turistas en 1974, mientras que la televisión y el acceso a internet llegaron recién en 1999. La apertura internacional fue gradual, con políticas destinadas a regular la llegada de visitantes y a preservar prácticas culturales locales.

Las rutas de montaña requieren especial precaución por sus pendientes, curvas y condiciones climáticas. En el área urbana de la capital, en cambio, el tránsito se organiza en torno a avenidas y cruces donde los agentes mantienen el control directo de la circulación.

Bután es una monarquía parlamentaria con una población diversa desde el punto de vista étnico y lingüístico. En el país se hablan cerca de 20 idiomas, entre ellos el dzongkha, que es la lengua oficial. El budismo vajrayana tiene una presencia destacada en la vida cotidiana, junto con comunidades hinduistas.

El turismo busca limitar la masificación

Para visitar Bután, los viajeros deben tramitar un visado y pagar una tasa diaria de sostenibilidad. De acuerdo con National Geographic, el visado ronda los 35 euros y la estadía tiene un costo cercano a los 89 euros por persona y por noche. Estos valores pueden modificarse, por lo que es conveniente consultar los canales oficiales antes de planificar el viaje.

El acceso al país también demanda una logística particular. Los vuelos suelen requerir escalas en ciudades como Bangkok o Katmandú antes de llegar a territorio butanés.

La política turística apunta a regular el número de visitantes y a evitar una afluencia masiva. El modelo prioriza viajes organizados y estadías planificadas, en línea con las restricciones que el país mantiene para proteger sus costumbres y entornos naturales.

En los alrededores de la capital se encuentra el Gran Buda Dordenma. Monasterios, fortalezas, valles y senderos de montaña integran también los principales atractivos turísticos del país. Para recorrerlos, los visitantes deben respetar normas vinculadas con la vestimenta, el ingreso a espacios religiosos y la toma de fotografías.

En el centro de Timbu, esa adaptación se vuelve visible en cada cruce. Los agentes de tránsito continúan regulando la avenida Norzin Lam, donde sus gestos reemplazan desde hace décadas a las señales luminosas.

Fuente: infobae.com

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