Mientras en el Congreso de Colombia los asesores legislativos ya reciben formación práctica en inteligencia artificial para sustentar debates con evidencia, en México la discusión sigue concentrada en diagnósticos sobre la urgencia de adoptar la tecnología. La distancia entre un caso y otro expone una brecha que atraviesa a los gobiernos de América Latina: la velocidad del desarrollo tecnológico avanza más rápido que la capacidad institucional para absorberlo. El contraste quedó de manifiesto en dos episodios recientes. Por un lado, la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas reunió a 128 delegaciones que hablaron sobre inteligencia artificial, frente a solo cinco hace cuatro años, un salto que refleja la urgencia del tema en la agenda internacional. Por otro lado, en…
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