Clark había sido, hasta el momento, un buen padre. Nacido y criado en una familia de renombre, plata y poder, tenía todo para ofrecerle a su hija, al menos en lo material. Pero ahora debían encontrarse en compañía de un trabajador social: acababa de divorciarse de Sandra Boss, madre de la niña de siete años, que se había quedado con la tenencia de la menor, a quien llamaban Snooks.Clark tenía derecho a solo tres visitas al año, todas supervisadas. Sandra, además, planeaba mudarse pronto con ella a Londres. Y él no iba a quedarse de brazos cruzados: un domingo de 2008, durante uno de esos encuentros, distrajo a la supervisora señalando un edificio y, cuando ella giró, la empujó al…
Fuente: ver publicación original.
Fuente: lanacion.com.ar






