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Descubren que las ballenas francas australes que recorren rutas más largas parten antes y llegan casi al mismo tiempo

Un seguimiento satelital permitió identificar distintas estrategias migratorias desde Nueva Zelanda hacia zonas de alimentación y analizar las condiciones oceánicas que podrían influir en sus desplazamientos

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Descubren que las ballenas francas australes que recorren rutas más largas parten antes y llegan casi al mismo tiempo

Las ballenas francas australes que salen de las islas Auckland, en Nueva Zelanda, toman desde mayo hasta septiembre dos rutas distintas hacia sus zonas de alimentación al sur de Australia: mientras unas viajan de forma directa, otras se desvían hacia la Antártida y recorren una distancia mayor.

El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B, busca explicar cómo estos mamíferos se orientan en el océano y hasta qué punto pueden modificar conductas aprendidas.

Según el artículo divulgado en Earth.com, el seguimiento satelital realizado entre 2020 y 2022 mostró que ambos grupos llegan casi al mismo tiempo, a comienzos de octubre, porque los ejemplares que siguen el trayecto más largo parten cerca de un mes antes.

La investigación analizó los movimientos de 25 animales adultos mediante dispositivos satelitales. De ese total, 21 etiquetas aportaron datos suficientes para reconstruir la migración de ida. Diez cetáceos nadaron hacia el oeste o noroeste, mientras que otros 11 iniciaron el trayecto hacia el sur o sudoeste, en dirección al continente antártico, antes de girar al noroeste.

Dos itinerarios con una llegada similar

Los animales que optaron por el recorrido con desvío partieron, en promedio, a finales de julio. En cambio, los que viajaron de forma más directa comenzaron su desplazamiento a finales de agosto. Esa diferencia de cerca de un mes compensó el tiempo adicional que demandó el primer grupo.

Solo 16 transmisores permanecieron activos hasta la llegada a las áreas de alimentación. En esos casos, los recorridos más extensos duraron una media de 64 días, frente a los 42 días de las travesías directas. A pesar de emplear alrededor de tres semanas adicionales, los dos grupos alcanzaron el destino en fechas semejantes.

La coincidencia temporal se produjo durante el máximo estacional de fitoplancton, un conjunto de algas microscópicas que sostiene buena parte de la cadena alimentaria marina. Los autores consideran que las ballenas podrían ajustar su llegada a esa fase productiva, aunque los registros disponibles no permiten demostrarlo.

La investigadora Leena Riekkola, una de las responsables del trabajo de la Universidad de Auckland, comparó las posibles decisiones de ruta con un viaje por carretera: algunos animales podrían priorizar el ahorro de energía, mientras otros intentarían compensar una salida más tardía. Sin embargo, esa hipótesis todavía no cuenta con una confirmación.

La velocidad y el estado físico no explican el desvío

Las ballenas de la ruta directa nadaron a una velocidad levemente superior, pero la diferencia fue reducida. Además, los análisis estadísticos arrojaron resultados mixtos, por lo que no está claro que ese ritmo haya tenido una importancia decisiva en la elección del trayecto.

El tamaño corporal, el sexo y la condición física tampoco explicaron de manera concluyente por qué algunos individuos recorrieron una ruta más larga. Parte de esas comparaciones tuvo límites, ya que faltaban algunas mediciones y todos los ejemplares marcados eran adultos en buen estado.

Los datos mostraron, además, que un mismo animal no necesariamente repite siempre el mismo camino. Cinco ejemplares enviaron información sobre dos migraciones de salida en años consecutivos. Tres mantuvieron el itinerario largo en ambas ocasiones, pero dos alternaron entre la ruta directa y el desvío antártico.

Uno de los ejemplares que cambió de trayecto fue una hembra que en el primer año viajaba con una cría. Los especialistas supusieron que no la acompañaba un ballenato al año siguiente, lo que abre la posibilidad de que el cuidado de una cría influya en la migración. Solo dos madres con crías formaron parte, y ambas siguieron la ruta directa.

Las condiciones del océano pueden ofrecer pistas

Las travesías extensas compartieron otro rasgo: muchas ballenas giraron al norte bajo condiciones oceánicas parecidas. La mayoría de esos cambios de dirección ocurrió cerca del límite sur de la Corriente Circumpolar Antártica, una gran masa de agua que circula alrededor de la Antártida, y sobre sectores de menor profundidad del fondo marino.

Los puntos de giro también coincidieron con un rango particular del ángulo del campo magnético terrestre. El hielo marino aportó una señal menos consistente, dado que la mayoría de los animales cambió de rumbo lejos de su borde.

La especie suele regresar a las áreas de alimentación que conoció junto a su madre. Por eso, la posibilidad de modificar el camino aprendido resulta relevante. En 2020, dos animales marcados siguieron trayectos muy similares durante unos 400 kilómetros, una distancia en la que posiblemente se mantuvieron lo bastante cerca como para oírse.

La coautora del estudio, Emma Carroll, profesora asociada de la Universidad de Auckland, destacó el valor potencial de esa capacidad de adaptación: “Una población que puede adaptar su comportamiento tiene mayores posibilidades de hacer frente a los cambios en el mar”.

El equipo considera necesario seguir a más ejemplares durante períodos prolongados, especialmente a madres con crías, para determinar cómo aprenden sus rutas y qué factores explican sus cambios.

Fuente: infobae.com

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