Una orquesta. Una partitura. Una batuta. Meses previos de arduo trabajo condensados en apenas 30 minutos. Nada puede salir mal. Desde el podio, Nicolás Urricelqui se enfrenta a una de las pruebas más exigentes como compositor de cine. Ante él, un grupo de músicos ejecuta Poseidón, una pieza que escribió imaginando un encuentro entre Odiseo y el dios griego en medio del mar. La escena es un ensayo de grabación profesional en una de las instituciones de música más prestigiosas del mundo. Solo 12 de los 300 alumnos del departamento de Film Scoring tienen la posibilidad de acceder a esa clase. En ese instante, todo depende de él. “Si vos me hubieses dicho hace seis años que yo estaría grabando…
Fuente: La Nación — Internacionales — ver publicación original.
Fuente: lanacion.com.ar














