Una acusación anónima en redes sociales puso en duda la autoría de uno de los libros más comentados de la temporada literaria en Francia. Al escritor canadiense Thélyson Orélien se le atribuyó haber recurrido a la inteligencia artificial generativa para redactar su primera novela, señalamiento que él mismo negó. El caso reabrió un debate que crece junto al desarrollo de la IA: la posibilidad real de comprobar si un texto fue escrito por una persona o por una máquina, y qué tan confiables resultan las herramientas creadas para hacer esa distinción. Qué son los detectores de inteligencia artificial y cómo se entrenan El avance de la IA generativa impulsó la aparición de decenas de programas en línea diseñados para identificar…
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