Para Halloween, The Wall Street Journal reunió las mejores películas estrenadas entre 1922 y 1979, con obras de Benjamin Christensen, Tod Browning, Carl Theodor Dreyer, George A. Romero y Masahiro Shinoda.
La lista incluye clásicos reconocidos y producciones menos conocidas que permiten recorrer la evolución del género a lo largo de varias décadas.
Desde las supersticiones y los relatos de brujería del cine mudo hasta las historias de muertos vivientes y las leyendas sobrenaturales de Japón, los títulos reflejan las distintas maneras en que el terror logró inquietar al público y dejar su huella en la historia del cine.
“Häxan” abre el recorrido con una investigación sobre la brujería
“Häxan”, dirigida por Benjamin Christensen en 1922, es presentada como una obra difícil de encasillar. El director danés investigó durante años las acusaciones de brujería en las sociedades occidentales de comienzos de la Edad Moderna antes de escribir el guion.
La película se interesa por las razones que llevaban a acusar a vecinos de actos atribuidos a la brujería y por los castigos que podían sufrir esas personas, entre ellos la tortura y la muerte. Christensen quería despertar el interés académico por el asunto, aunque no encontró investigadores dispuestos a desarrollar el libreto cinematográfico.
El realizador, nacido en 1879, tuvo ocupaciones diversas antes y durante su carrera audiovisual. Fue estudiante de medicina, cantante de ópera, intérprete teatral, importador de champán y actor de cine. Más tarde dirigió a Lon Chaney en “Mockery” (1927), una producción de MGM.
Los inicios mudos de Tod Browning
La selección también recupera la etapa muda de Tod Browning, quien trabajó en carnavales y vodevil —un espectáculo de variedades que combinaba música, humor, baile y números escénicos— antes de llegar al cine.
Esa experiencia se reflejó en historias ambientadas fuera de la vida convencional, un rasgo que luego apareció cuando dirigió en “Freaks” (1932), filme que, según el texto, “prácticamente puso fin a su carrera”.
En “El místico” (1925) y “El desconocido” (1927), Browning mejoró su forma de hacer cine mudo. Las dos películas fueron restauradas para recuperar su imagen y se publicaron juntas en una colección llamada “Tod Browning’s Sideshow Shockers”, que también incluye una versión restaurada de “Freaks”.
Aunque suele ser recordado por su versión de “Drácula” (1931), sus primeras producciones demostraron que su capacidad para generar inquietud ya estaba presente durante la etapa del cine mudo. Ambas producciones conservan escenas de una intensidad perturbadora que las convierte en opciones ideales para recuperar durante Halloween.
Un Óscar histórico y una película de atmósfera inquietante
Otra adaptación incluida es “El Dr. Jekyll y Mr. Hyde” (1931), basada en el relato del escritor Robert Louis Stevenson sobre la corrupción del bien. Rouben Mamoulian eligió a Fredric March para interpretar el doble papel después de que John Barrymore rechazara retomarlo en una versión sonora.
La decisión tuvo consecuencias en los premios de la industria: March obtuvo al año siguiente el Óscar a mejor actor, compartido con Wallace Beery. Según la nota, fue la primera vez que un actor de una película de terror obtuvo esa distinción, que no volvió a recaer en una interpretación del género durante 60 años, hasta Anthony Hopkins por “El silencio de los corderos”.
“Vampyr” (1932), dirigida por Carl Theodor Dreyer, forma parte de sus obras iniciales. Aunque dura 73 minutos y cuenta con sonido, recurre a pocos diálogos y conserva recursos narrativos propios del cine mudo.
La película construye su clima de inquietud a partir de sugerencias e imágenes inusuales, mientras su relato presenta una estructura confusa.
Romero trasladó el terror de Transilvania a Pensilvania
“La noche de los muertos vivientes” (1968), de George A. Romero, ocupa un lugar central por su influencia en el cine de zombis. La película no fue la primera en abordar ese tipo de criaturas: “White Zombie” (1932), con Bela Lugosi, y “I Walked With a Zombie” (1943), de Jacques Tourneur, se habían estrenado antes.
Sin embargo, los personajes del filme de Romero no utilizan la palabra zombi, ya que llaman a las criaturas “ghouls devoradores de carne”, es decir, seres que consumen carne humana. La producción instaló el miedo a cadáveres reanimados con apetitos caníbales.
El aporte del director también se vinculó con el escenario: el terror que solía situarse en los trópicos o en una Europa medieval e imprecisa se trasladó al Medio Oeste de Estados Unidos. El artículo resume esa modificación con la frase: “Transportó Transilvania a Pensilvania”.
El recorrido concluye con “El estanque del demonio” (1979), de Masahiro Shinoda, dentro del cine japonés de historias de fantasmas. La cinta se basa en una obra teatral de 1913 de Kyoka Izumi y comienza con el viaje en tren de Gakuen, un erudito interpretado por Tsutomu Yamazaki, que baja en una estación remota para buscar a su amigo desaparecido, Akira, interpretado por Go Kato.
Fuente: infobae.com














