Durante una sesión en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, el legislador porteño Leandro Santoro brindó un contundente discurso en el que cruzó con dureza los discursos estigmatizantes y la violencia ejercida contra la comunidad LGBT y las minorías. Al centrarse en las profundas asimetrías sociales, el diputado advirtió que «no es lo mismo ser una persona gay con dinero que ser una persona gay pobre», visibilizando cómo la vulnerabilidad económica profundiza la exclusión. La intervención se da en un contexto de creciente preocupación por hechos de violencia reciente —como la agresión sufrida por chicas trans en los bosques de Palermo— y puso bajo la lupa el rol activo que debe asumir el Estado frente a las desigualdades estructurales.
Leandro Santoro sobre la desigualdad dentro de las minorías: «Una persona pobre trans no tiene ninguna oportunidad de ser libre» En uno de los pasajes centrales de su alocución, Santoro cuestionó la romantización del individualismo extremo y remarcó que las libertades individuales quedan vacías de contenido cuando no hay piso material que las sostenga. En esa línea, enfatizó: «Idealizamos a los poderosos y culpabilizamos a los débiles. Pasa siempre, fija.
Incluso en la Ciudad de Buenos Aires hemos llegado a tener casos de grupos de pibes que atentaron contra la vida de personas en situación de calle, cagándose de risa […] Es la misma idea de que la culpa de los problemas los tienen los pobres, los tienen las minorías, los tienen los excluidos, los tienen los subordinados, y que una sociedad que progresa es una sociedad que tiene como héroes a los héroes del mercado». Para el legislador, la falta de recursos económicos pulveriza cualquier simetría en el ejercicio de los derechos: «Es más, no es lo mismo ser una persona gay con dinero que ser una persona gay pobre. Y eso es una de las cosas que nos contaban hoy las chicas del movimiento LGTB.
Una persona pobre trans no tiene ninguna oportunidad de ser libre, ninguna». El rol del Estado y el rechazo a la «ley del mercado» Frente a la concepción de que el Estado debe prescindir de toda intervención, Santoro argumentó que la igualdad real exige políticas públicas activas que protejan a los sectores subordinados frente al hostigamiento cultural y material. «Por lo cual, el Estado no tiene solamente que garantizar la libertad individual absteniéndose de intervenir. Tiene que intervenir para garantizar que esa persona que está siendo discriminada y subordinada tenga la misma libertad que tenemos cualquiera de nosotros […] ¿Cómo hacemos para que el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Estado porteño y esta legislatura ayude a las porteñas y a los porteños a ser libres?
Todos igualmente libres», sostuvo el legislador. Violencia simbólica, clima de época y discursos oficiales El diputado también apuntó contra la legitimación de la violencia verbal y simbólica impulsada desde las altas esferas del poder político, señalando que los agravios cotidianos calan hondo en el tejido social. «Tenemos que cuestionar la línea roja que se pasó el día que el Presidente de la Nación dijo que una persona transexual es un hombre que se disfraza de mujer. Tenemos que cuestionar la idea de que una persona por el hecho de ser gay o de ser homosexual es un pedófilo», lamentó Santoro y cuestionó: «¿Pero ustedes se piensan que esto es gratis, que de verdad se puede decir esto y no va a tener consecuencias sociales?
Cagarse de risa permanentemente del que es distinto, humillarlo como una práctica sistemática para tratar de hacernos más fuertes en nuestra masculinidad». Asimismo, criticó la banalización de los derechos humanos bajo la etiqueta de debates ideológicos extremos: «Ojalá quienes creen que estos son debates woke, debates de ideologías de géneros extremistas, escuchen lo que Emma tiene para decir y lo que cientos de miles de chicas y de chicos de la comunidad LGBT nos dicen todo el tiempo, nos dicen que les cuesta vivir su vida en libertad». Hacia el cierre de su intervención, Santoro valoró el coraje de los colectivos minoritarios que enfrentan un clima de época hostil y convocó a no naturalizar la crueldad instalada en la discusión pública. «Entonces, yo lo que le pediría, Presidenta, y agradeciéndole al cuerpo este tiempo, es que no nos limitemos solamente a repudiar lo que pasó este sábado en el Rosedal.
Que nos animemos también a repudiar la manera en que los argentinos y las argentinas nos estamos tratando. Porque desde el rencor, el resentimiento, el odio, la humillación y la discriminación no se puede construir un país más justo», concluyó.
Fuente: minutouno.com














