La policía se enfrentó nuevamente con manifestantes durante una protesta antigubernamental en Tirana, Albania, donde miles de personas salieron a las calles el sábado y las fuerzas de seguridad utilizaron gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma para dispersar a la multitud.
La jornada reunió a estudiantes, docentes, artistas, sectores opositores y ciudadanos llegados desde distintos puntos del país. La protesta se sumó a los enfrentamientos que se registraron durante varios días en la capital albanesa, donde manifestantes y policías chocaron de forma recurrente desde mediados de octubre.
El despliegue policial incluyó a 2.500 agentes, según informaron las autoridades. Durante la protesta, algunos manifestantes lanzaron fuegos artificiales contra los efectivos, mientras otros avanzaron hacia sedes públicas que concentraron los reclamos durante las últimas semanas.
El conflicto comenzó en mayo por un proyecto turístico de lujo en la costa de Zvërnec y la isla de Sazan, promovido por Jared Kushner, yerno de Donald Trump. Ambientalistas y el movimiento Flamingo rechazaron la iniciativa porque sostuvieron que pone en riesgo un humedal protegido, cuya protección fue reducida por una ley aprobada en 2024.
Luego, las protestas sumaron reclamos por la corrupción, la continuidad de Rama en el poder, el deterioro de las universidades y el costo de estudiar y vivir.
En la jornada de hoy, el Ministerio de Educación volvió a ser uno de los principales puntos de concentración. Poco después del inicio de la movilización, un grupo arrojó piedras contra el edificio, cuyas ventanas sufrieron daños en jornadas anteriores. La policía antidisturbios respondió con cañones de agua, gases lacrimógenos y proyectiles de goma.
Las autoridades informaron que varios edificios gubernamentales sufrieron ataques durante los disturbios. También indicaron que detuvieron a decenas de personas y que más de 300 manifestantes y policías resultaron heridos desde que comenzaron los enfrentamientos. Participantes de la marcha afirmaron que registraron heridos entre sus filas, aunque la policía no difundió cifras sobre esos casos.
Antes de dirigirse al Ministerio de Educación, un grupo de simpatizantes del Partido Democrático se concentró frente a la oficina del primer ministro, Edi Rama. Los manifestantes permanecieron allí durante alrededor de una hora y media y prendieron fuego a unos almohadones rojos que el mandatario colocó junto a una mesa de hormigón, como símbolo de una invitación al diálogo con los estudiantes.
Después, los manifestantes se trasladaron hacia la sede educativa, donde se encontraron con una movilización estudiantil. Los alumnos reclaman una reducción de las matrículas, más inversión pública para el sistema de enseñanza y medidas contra la corrupción en las instituciones educativas.
Profesores de secundaria y universitarios participaron con carteles que decían “No a la violencia”, “Transparencia” y “La democracia en peligro”.Varios se ubicaron sobre veredas a las que les faltaban adoquines, retirados durante las protestas previas.
La activista Sidorela Vatnikaj sostuvo que el movimiento reunió reclamos que excedieron las demandas del sector educativo. “Hay mucha rabia”, afirmó, y definió la movilización como una “revolución”. “No se trata solo de una cuestión de estudiantes. No se trata solo de luchas medioambientales… Se trata del estado de los derechos y del estado de derecho”.
Rosela Mira, estudiante de primer año de Medicina, explicó que participó porque buscaba permanecer en su país. “Estamos aquí por una razón: queremos quedarnos en nuestro país y no tener que soñar con una vida en otro lugar”, declaró. “Quiero tener un futuro aquí”.
La hermana de Mira, que cursaba la secundaria, denunció las condiciones de su escuela. Mencionó aulas con 40 alumnos y la falta de instalaciones como laboratorios. Por su parte, Fabiola Nikaj, estudiante de Derecho, relacionó la protesta con las dificultades económicas de muchas familias. “Tenemos que trabajar en varios empleos… para ayudar a nuestros padres, que reciben pensiones muy bajas”, señaló.
Más de 1,5 millones de personas emigraron de Albania desde la caída del comunismo en la década de 1990. El país cuenta con 2,3 millones de habitantes y el salario medio antes de impuestos se ubicó en 930 euros mensuales. Albania ocupa el puesto 91 entre 182 países en el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional.
Durante la protesta del sábado, la multitud coreó “Rama en prisión” y “Berisha en prisión”, en referencia al primer ministro y al dirigente opositor Sali Berisha. Los participantes responsabilizaron a ambos referentes y al resto de la dirigencia política por la situación del país.
Rama atribuyó los episodios violentos a “actores extranjeros” y acusó a Rusia e Irán de promover desinformación en internet. El jefe de Gobierno también pidió diálogo, aunque advirtió que las autoridades sostendrían su respuesta ante nuevos incidentes.
“Todos los que glorifican la violencia, todos los que repiten la violencia y todos los que perpetran la violencia deben entender que, así como el terror urbano fue intenso, concentrado y prolongado, la respuesta del Estado también será prolongada y persistente”, declaró el primer ministro.
(Con información de AFP, Euro News y Reuters)
Fuente: infobae.com














