Cuando colocaron el último ladrillo, un adolescente de 15 años se desmayó dentro de la cúpula. Del otro lado del muro recién enlucido quedaba Roma, ocupada por las fuerzas alemanas. En el espacio oculto, sin una salida visible, comenzaba el encierro de 35 personas perseguidas por el nazismo.El escondite estaba en la iglesia de San Joaquín, a pocos metros del Vaticano. Sacerdotes redentoristas habían transformado el interior de la cúpula en un refugio secreto para personas buscadas por la Gestapo. Cerraron el acceso con ladrillos y cemento para que no quedara ningún rastro durante los registros en conventos e iglesias, cada vez más frecuentes en la capital italiana.Décadas más tarde, el sacerdote redentorista Ezio Marcelli recuperó la historia del lugar.…
Fuente: ver publicación original.
Fuente: infobae.com






