A mediados de la década de los noventa, la voz de Twiggy irrumpió en las radios con la fuerza de un fenómeno imparable. De una infancia humilde en la zona oeste del Gran Buenos Aires —marcada por el sacrificio de sus padres y una casa donde la música era refugio—, Sandra Mariela Vázquez pasó a escalar los rankings del país, ubicando sus canciones por encima de figuras internacionales y vendiendo decenas de miles de discos. Sin embargo, en el punto más alto de la exposición masiva, la industria le mostró su cara más cruel: un cambio de gestión discográfica la dejó atrapada en un contrato que la congeló, guardando su carrera en un cajón y llevándola a una profunda depresión.Sin…
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