Un gato que ya no salta al respaldo del sillón, que se detiene antes de subir una escalera o que pasa más horas escondido puede parecer, a simple vista, un gato “viejito”. Pero en esa modificación silenciosa de las costumbres puede haber dolor, una enfermedad tratable o una señal de que la casa y la rutina necesitan cambiar. La vejez felina suele expresarse en gestos mínimos y exige una observación atenta para sostener la calidad de vida del animal.Los gatos viven más tiempo que antes y esa longevidad trae nuevas preguntas para quienes los acompañan. ¿Cuándo empiezan a envejecer? ¿Qué transformaciones son esperables y cuáles ameritan una consulta? ¿Cómo se adapta una casa pensada para un animal que ya no…
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