
Los investigadores identificaron el brote de peste humana más antiguo conocido, ocurrido hace unos 5.500 años cerca del lago Baikal, en el sureste de Siberia, y apuntaron a las marmotas locales como posible vía de contagio para grupos de cazadores-recolectores que manipulaban estos animales.
El análisis, publicado en la revista científica Nature y divulgado por National Geographic, halló rastros de la bacteria Yersinia pestis en los restos de 18 personas enterradas en cementerios de la región.
El equipo internacional, dirigido por Ruairidh Macleod, de la Universidad de Oxford, vinculó el episodio con la convivencia y el aprovechamiento de marmotas por parte de las poblaciones de aquel período.
La hipótesis se apoya en hallazgos arqueológicos de tumbas contemporáneas al brote difundidos por Journal of Ethnobiology. Allí aparecieron cientos de incisivos de marmota, dientes largos y curvos que habrían sido usados como adornos y depositados junto a los muertos.
Las pulgas sostienen el ciclo de contagio

“Las marmotas son, sin duda, la única especie vectora de la peste con la que tenemos pruebas arqueológicas claras de que interactuaban estrechamente”, afirmó Macleod. Un vector es un animal que participa en la transmisión de un microorganismo causante de enfermedad.
La infección suele propagarse por pulgas que pican a distintos animales en sucesión. En este caso, los roedores habrían funcionado como reservorios, es decir, como huéspedes capaces de mantener la bacteria en un ambiente natural durante períodos prolongados.
Estos mamíferos, de tamaño similar al de un gato doméstico, viven bajo tierra en colonias densas. Las familias pueden reunir una docena o más de ejemplares que comparten túneles, una condición que facilita el desplazamiento de las pulgas entre la fauna.
Según la investigación divulgada en Emerging Microbes & Infections y citada por el ecólogo de la peste Nils Stenseth, de la Universidad de Oslo, las marmotas tarbagán sobreviven a la peste en proporciones de entre 50% y 80%. Esa capacidad de supervivencia permite que la bacteria persista en sus poblaciones.
La peste persiste en los túneles de las marmotas

El ambiente subterráneo aporta otra condición para la conservación del patógeno. Investigadores rusos encontraron Yersinia pestis viva durante más de 400 días en el material de los nidos de roedores, incluso durante el invierno, cuando las marmotas hibernan.
La bacteria evolucionó durante miles de años a partir de un microorganismo intestinal relacionado. Las cepas halladas cerca del lago Baikal todavía no tenían un gen considerado decisivo para la propagación de la peste mediante pulgas, llamado ymt.
Los análisis de ADN antiguo indican que ese gen surgió entre 1686 y 951 a. C. Su aparición permitió que la bacteria se acumulara en el intestino de los insectos infectados y formara una obstrucción.
Como consecuencia, no lograban alimentarse de forma normal. Ante esa dificultad, las pulgas picaban repetidamente a distintas especies para buscar sangre.

Stenseth señaló que así es como una enfermedad de animales aparece en la gente y añadió que el bloqueo puede ser más intenso cuando escasean los roedores.
Menos roedores, mayor riesgo de contagio
Las condiciones meteorológicas regulan el ciclo entre bacterias, mamíferos y pulgas en la estepa de Asia Central. Años cálidos, sin temperaturas excesivas, y húmedos, aunque sin lluvias desmedidas, favorecen el aumento silencioso de la bacteria entre los roedores.
Luego, una sequía puede reducir drásticamente esas poblaciones. Con menos animales disponibles, los insectos quedan concentrados y buscan nuevas fuentes de alimento, entre ellas ganado, gatos o seres humanos. “Las pulgas se ven superpobladas, por lo que se inquietan”, explicó Stenseth.
La relación entre marmotas y peste continuó mucho después de los primeros casos documentados. Durante expediciones realizadas en Siberia en la década de 1870, surgieron sospechas de que la enfermedad circulaba entre estos animales y afectaba a quienes los manipulaban.

La historiadora y veterinaria Susan Jones, de la Universidad de Minnesota, recordó que en la epidemia registrada entre 1910 y 1911 en la región de Manchuria, que causó cerca de 60.000 muertes, cazadores locales dijeron a los investigadores que creían que las marmotas los enfermaban.
El consumo y la caza mantienen el riesgo en Mongolia
Las marmotas mantienen presencia cultural en la estepa de Asia Central. En Mongolia, el boodog, una preparación en la que el animal se cocina dentro de su propia piel con piedras calientes, es considerado un plato nacional, aunque la caza continúa pese a ser ilegal.
El consumo de carne u órganos crudos se vinculó con casos de peste. En 2020, un matrimonio murió en Mongolia tras ingerir órganos crudos de marmota; más recientemente, un adolescente falleció luego de cazar y comer uno de estos mamíferos.
De acuerdo con la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS), los programas soviéticos de erradicación buscaron controlar la enfermedad durante gran parte del siglo XX. Sin embargo, las campañas concluyeron hacia 1990 sin conseguirlo.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.
Fuente: infobae.com














