
Un equipo de la Universidad de Kioto comprobó, en un estudio publicado en la revista Animal Behavior and Cognition, que los gibones adultos observan los ojos más tiempo que cualquier otra zona del rostro, sobre todo cuando pertenecen a otro gibón.
De acuerdo con Earth.com, los gibones son simios pequeños, no monos, y se separaron de la línea evolutiva que conduce a los humanos y los grandes simios hace cerca de 17 millones de años.
Suelen vivir en grupos familiares reducidos, organizados alrededor de una pareja estable y sus crías, una estructura distinta de la de muchas otras especies de primates.
Los resultados aportan datos sobre la atención social de estos primates y sobre el posible origen evolutivo de la tendencia a mirar los ojos, presente también en personas, grandes simios y monos macacos.
Tres machos participaron en una prueba voluntaria

El experimento contó con Tsuyoshi y Raja, 2 hermanos de 23 años, y con su padre, Mamy, cuya edad se estimó en 52 años. Los 3 habían convivido desde temprano con personas y veían con regularidad tanto rostros de la población humana como de su propia especie.
Cada animal se ubicó a unos 65 centímetros de un monitor de 23 pulgadas. El sistema de seguimiento ocular, una herramienta que mide hacia qué parte de una imagen dirige la vista un individuo, funcionó sin colocar dispositivos sobre los primates.
Los investigadores ofrecieron gotas de agua para favorecer que permanecieran frente a la pantalla, aunque podían retirarse cuando quisieran.
Los participantes observaron 48 fotografías, divididas en partes iguales entre rostros de humanos adultos desconocidos y de gibones adultos desconocidos. Las caras aparecían de frente, con expresión neutra, ojos abiertos y boca cerrada. Cada imagen permanecía 3 segundos en pantalla.

El aparato registró el tiempo de observación de los ojos, la nariz, la boca, el contorno de la cara y el fondo. Al combinar las mediciones, los investigadores hallaron que la región ocular recibió más atención que todas las demás áreas. El patrón se repitió ante fotografías de machos y hembras, aunque no se evaluó si existía una preferencia por el sexo.
Los ojos retuvieron más interés
Los 3 animales dirigieron más tiempo la mirada hacia los ojos de los gibones que hacia los de las personas. La nariz y la boca no mostraron una diferencia equivalente entre ambas clases de imágenes, lo que apunta a que los ojos tienen un peso particular en la atención social de la especie.
El resultado puede corresponder a un sesgo hacia miembros de la propia especie, es decir, una inclinación a prestar mayor interés a individuos similares. Esa tendencia apareció en los registros individuales de los participantes, pese a que todos habían tenido una amplia exposición a personas durante sus primeros años.
Makiko Uchikoshi, autora principal del trabajo, sostuvo que “para comprender los orígenes evolutivos de la mente humana se requieren estudios comparativos a lo largo del linaje de los simios”.

También señaló que, pese a su relevancia evolutiva, estos pequeños simios figuran entre los grupos de simios menos estudiados en las investigaciones sobre cognición.
Las respuestas no fueron idénticas: Tsuyoshi mostró la concentración más marcada en los ojos y los observó durante más tiempo que cualquier otra región de las fotografías.
Por otro lado, Raja también priorizó la región ocular sobre la nariz y la boca, pero dedicó atención al contorno facial. El equipo planteó que patrones de pelaje o peinados humanos pudieron influir, sin probarlo.
El tamaño de la muestra limita las conclusiones

Mamy solo presentó una diferencia clara entre el tiempo dedicado a los ojos y al fondo de las imágenes. Completó la mitad de los ensayos de los otros 2 ejemplares porque la recolección de datos se interrumpió por motivos de salud, lo que dejó menos información para examinar.
Uchikoshi explicó que conocía a los animales desde hacía casi 28 años y que había vivido momentos de contacto visual con ellos. “Poder cuantificar dónde miran y durante cuánto tiempo fue casi como magia”, afirmó sobre el uso del seguimiento ocular.
La investigación advierte que solo participaron machos adultos emparentados, todos criados por humanos y pertenecientes a una sola rama de la familia de los ejemplares. Además, las imágenes fijas con expresiones neutras solo representan una parte limitada de las interacciones sociales.
Los autores proponen que próximos estudios incluyan hembras, animales criados en condiciones naturales, grupos sociales, más especies y los 4 grupos principales de gibones. También sugieren aplicar el mismo método a diversos primates para reforzar las comparaciones sobre la evolución de la atención social.
Fuente: Infobae — Internacionales — ver publicación original.
Fuente: infobae.com














