Las huellas psíquicas de la demolición material

Julián Manetti Cusa vive hace 39 años en Nueva York, donde hizo su doctorado en psicología clínica y atendió a víctimas del 9-11.

Julián Manetti Cusa vive hace 39 años en Nueva York, donde hizo su doctorado en psicología clínica y atendió a víctimas del 9-11.

Su testimonio tiene un valor múltiple: Julián es un profesional de prestigio con consultorio en Union Square, pero ha dado un enfoque interesante a su vocación. La página web donde se presenta indica que se especializa en problemas de inmigración, aculturación, multiculturalismo. Este aspecto, entre otros, confirma que estamos ante alguien con una noción social de su tarea, permeable al factor “ambiental”, según define la psiquiatría cuando alude a la realidad objetiva.

Este bonaerense oriundo de Quilmes, casado y con una hija pequeña, es ya casi un neoyorkino más tras 29 años de vivir en la Gran Manzana, donde hizo su doctorado en psicología clínica. Como director del programa World Trade Center Mental Health Clinic del Bellevue Hospital de Nueva York conoce muy de cerca el tema que hace a este aniversario, al hecho que se recuerda, no sin dolor, para elaborar un duelo aún vigente. 

-Telam: ¿Cuál fue el principal síntoma en común que encontraste en los pacientes que habían padecido el atentado de cerca?
-Julián Manetti Cusa: A los síntomas previsibles en casos como estos, que pueden englobarse en lo que llamaos “trastorno de estrés post-traumático” lo que vi y traté fue especialmente la depresión y ansiedad. Pero había, además, una cuestión dolorosa a nivel moral. Planteado desde un enfoque holístico, encontré muchos sentimientos muy complejos y difíciles, tanto a nivel individual como grupal. Había un gran enojo contra el gobierno, contra las autoridades; mucha desconfianza por todo lo que pasó después del atentado.

Fue notable y terrible lo que ocurría en los días,  semanas, meses y hasta años posteriores al atentado. Hubo mucho sufrimiento, mucha confusión. Mi trabajo no fue sólo con la gente que logró escapar o que estaba muy cerca de las torres, sino con otros grupos afectados de un modo distinto por el mismo hecho. Inmigrantes, sobre todo latinos, que hacían las tareas de limpieza sobre el desastre que había quedado. Estas personas fueron expuestas a muchos químicos, por ejemplo el asbesto, que les causaron toda clase de problemas físicos y respiratorios, además de lo cruento que implicaba la propia tarea. A muchos de ellos, a su vez, les habían mentido; les decían que se podía respirar el aire del area donde trabajaban cuando luego se verificó que era tóxico.  El entonces alcalde Giuliani fue responsable de ese engaño y esto agravó la situación. Muchas personas, entonces, fueron afectadas físicamente por el polvo pero también traumatizadas por sentirse desprotegidas en el mediano y largo plazo.

-T: ¿Manifestaban secuelas psíquicas o eventualmente físicas sostenidas?
Julián Manetti Cusa: Hay ambas secuelas y una relación casi dialéctica entre estas. Las personas que quedaron con asma, por ejemplo, arrastran en ese síntoma la evocación de este evento traumático. Eso causó aun mayor estrés y ansiedad que si limitáramos el caso a un hecho aislado. Y fue el cuadro más frecuente que tratamos en en el hospital Bellevue de NY. 

-T:¿Qué historias puntuales te impactaron en particular como director del programa World Trade Center Mental Health Clinic?
Julián Manetti Cusa: Bueno, el  programa está destinado específicamente a  los civiles que habían estado allí, es decir, no bomberos, polícía ni personal paramédico, para quienes había otro programa puntual. Era parte de nuestra tarea indagar cómo habían escapado, cuáles eran las condiciones del contexto. Esto era terriblemente dificil tanto para los sobrevivientes como para nosotros, los profesionales. Durante muchas mañanas me tocó entrevistar a las personas que debían atravesar ese re-contar que a su vez es necesario terapeuticamente. Pero quizás lo más importante fue poder ayudar a las personas a encontrar un sentido a sus vidas. Había mucha gente muy desmoralizada. En este sentido, hicimos un gran trabajo mediante la articulación de grupos de víctimas: eso fue súper beneficioso; sobre todo para los latinos. Ante el enojo, la desconfianza, la sensación de traición que te comentaba antes, la posibilidad de apoyarse entre sí fue fundamental. 

Nota del editor: Seguramente, este testimonio -que merece continuidad pero debió interrumpirse por cuestiones de agenda ligadas al propio día del aniversario- tendrá su segundo capítulo y habrá de revelarnos mucho, como hasta aquí, no tan solo acerca del episodio en sí, sino de la capacidad de resiliencia de la condición humana. 

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