Hace unos días se murió Griselda Gambaro y yo me había olvidado por completo de ella. De ella, del libro de tapa roja que compré mientras estudiaba en la secundaria, de las tres obras de teatro que venían allí, de la escena de La malasangre –era La malasangre– que protagonicé en una muestra del primer taller de actuación que hice, el de los sábados. Me olvidé de tanto. Me olvidé de la cantidad de textos que escribió en sus 98 años, de sus novelas, de los tomos de teatro, de los premios que le dieron, de que fue censurada por la última dictadura. Me olvidé de su rostro que también se veía en ese libro, de sus rulos de arcilla.…
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