La repetición de nombres de santos en ciudades argentinas no responde a una casualidad cartográfica. Es una marca del proceso de ocupación colonial: entre los siglos XVI y XVIII, las autoridades españolas eligieron denominaciones que podían expresar devoción católica, identificar una jurisdicción y dejar constancia de las circunstancias de una fundación. Así surgieron, entre otras, Santiago del Estero, San Juan, San Miguel de Tucumán y San Luis.Según la Real Academia Española, la toponimia es la disciplina que estudia los nombres propios de los lugares, dentro de la cual se denominan hagiotopónimos a las designaciones vinculadas con santos y elementos religiosos. Esos nombres convivieron con voces indígenas: Tucumán, Paraná, Chaco, Neuquén y Chubut dan cuenta de esa diversidad.Esta convivencia entre fe,…
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