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Cómo las mascotas de viviendas cercanas se convirtieron en una amenaza para las tortugas del desierto

La expansión de las zonas habitadas y la falta de control sobre mascotas agravan la situación de una especie amenazada en el oeste de Estados Unidos

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Cómo las mascotas de viviendas cercanas se convirtieron en una amenaza para las tortugas del desierto

Durante tres décadas, cientos de tortugas del desierto de Agassiz (Gopherus agassizii) sufrieron ataques y heridas provocadas por perros sin control en los desiertos de Mojave y Colorado, en California, según determinó una investigación liderada por la bióloga Kristin Berry.

El estudio, publicado en Wildlife Monographs, analiza una amenaza adicional para una especie catalogada como amenazada a nivel federal en Estados Unidos por el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de los Estados Unidos.

De acuerdo con el artículo divulgado por The Wildlife Society, la expansión de los asentamientos humanos cerca de los hábitats desérticos elevó el riesgo de encuentros entre las mascotas y estos reptiles.

La situación involucra tanto a animales domésticos que deambulan sin supervisión como a la posible presencia de perros salvajes. La especialista señaló que algunos de ellos se desplazan en grupos y atacaron tanto a tortugas como a trabajadores que realizaban tareas de campo.

Más de mil tortugas presentaban lesiones graves

La investigación utilizó una base de datos con fotografías de 6.727 tortugas del desierto de Agassiz observadas en 50 sitios del oeste del desierto de Sonora, en California, entre 1977 y 2006. Los especialistas revisaron daños en el caparazón, las patas y los cuernos gulares, unas estructuras ubicadas en la parte inferior del caparazón que protegen el cuello.

Los machos utilizan los cuernos gulares durante las disputas relacionadas con el apareamiento, en las que intentan levantarse unos a otros o golpearse la cabeza, explicó Berry. Sin embargo, estas estructuras también quedan expuestas a los ataques de los perros, que las muerden cuando las tortugas se refugian dentro de sus caparazones.

El análisis detectó traumatismos importantes en los caparazones y las extremidades de 1.017 ejemplares, más del 15% del total examinado. Además, casi el 4,5% presentaba lesiones en los cuernos gulares. “Hay un porcentaje bastante alto de animales que no sobreviven. Todo depende de su tamaño”, afirmó la investigadora.

Los ataques se concentran cerca de los asentamientos

La mayoría de las tortugas con heridas graves asociadas a mordeduras se localizó a menos de 12 kilómetros de zonas habitadas. El trabajo sostiene que el peligro aumenta a medida que los animales se acercan a viviendas y otros asentamientos.

“Cuanto más cerca del asentamiento, mayor el riesgo y más graves los ataques”, señaló la investigadora y agregó que el problema se agravó con el paso de las décadas, mientras crecían las construcciones sobre áreas que antes formaban parte del hábitat de la especie.

El estudio también estableció que las hembras eran más vulnerables que los machos y que las tortugas adultas sufrían mayor exposición que las jóvenes. Casi el 6,5% de los ejemplares atacados una vez volvió a padecer otro episodio.

Uno de los casos ocurrió cerca de Daggett, al este de Barstow, en el límite del desierto. Un dispositivo de rastreo condujo a Berry hasta una vivienda donde había perros sueltos. Con apoyo de un agente de la Oficina de Administración de Tierras de Estados Unidos, rescataron a un macho joven que tenía heridas graves y que murió más tarde.

Una especie afectada por varias presiones

Estas tortugas también conocidas como tortugas del desierto de Mojave, habitan únicamente regiones áridas del sureste de California y estados vecinos. Su población enfrenta la pérdida y el deterioro de su entorno debido a la urbanización, los vehículos todoterreno y el pastoreo de ganado.

A esas presiones se suman depredadores como coyotes y cuervos, por lo que la especialista sostuvo que la supervivencia de numerosas poblaciones californianas ya está comprometida.

La investigadora recordó que algunos ataques involucran a mascotas liberadas durante excursiones y a grupos numerosos de perros: en una base de la Fuerza Aérea, una manada de casi 30 animales persiguió a un trabajador hasta que logró refugiarse en su vehículo.

En otro hecho, un contratista que manipulaba una tortuga fue atacado por perros a unos 13 kilómetros de la vivienda o localidad más cercana. Berry indicó que estos ataques constituyen un problema presente en distintas regiones del mundo, incluidas las islas Galápagos y zonas donde anidan estos ejemplares marinos.

Vallas y correas como medidas de protección

Entre las alternativas planteadas figura la construcción de cercas más altas entre las zonas urbanizadas y los hábitats considerados críticos para la especie. La bióloga indicó que, en ciertas áreas, una barrera de altura moderada podría limitar el desplazamiento de mascotas hacia el desierto.

La Reserva del Desierto de Red Cliffs, en Utah, exige mediante ordenanzas que las viviendas nuevas tengan cercas o muros. La zona también obliga a que los perros circulen con correa, aunque la investigadora advirtió que el cumplimiento de esas reglas resulta difícil.

Además, la Comisión de Pesca y Caza de California incorporó en 2025 a estos animales a su lista de especies en peligro de extinción.

Fuente: infobae.com

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