Cayó Ozempic: lanzan versiones low cost y alertan sobre efectos adversos

La caída de la patente de la semaglutida abre el mercado global a genéricos más baratos, mientras nuevos estudios advierten sobre riesgos hasta ahora poco difundidos.

La patente de la semaglutida, principio activo de medicamentos como Ozempic y Wegovy, comienza a expirar en países clave como India y China, lo que habilita la producción de versiones más accesibles

  • A estos mercados se sumarán Brasil, México, Sudáfrica y Turquía, que en conjunto representan cerca del 40% de la población mundial, anticipando un fuerte impacto en el acceso global a estos tratamientos.

El fin de estas exclusividades abre la puerta a una «democratización» del fármaco, con laboratorios locales preparados para fabricar alternativas a costos mucho más bajos. Mientras tanto, en Estados Unidos y Europa la patente seguirá vigente hasta la próxima década, lo que mantiene allí precios elevados bajo el control de la farmacéutica original. 

  • En Argentina, el medicamento aún no está registrado formalmente, aunque ya circulan versiones más económicas.

Los medicamentos basados en semaglutida representan uno de los mayores avances recientes en la industria, con efectos que van más allá de la diabetes y la obesidad, incluyendo mejoras metabólicas amplias. Desde su aprobación en 2017, su uso creció de forma acelerada, impulsado por resultados visibles y una fuerte demanda global.

Sin embargo, en paralelo al auge, comenzaron a difundirse nuevos estudios sobre efectos adversos que hasta ahora habían tenido menor visibilidad. Entre ellos, se destacan posibles pérdidas de masa muscular, riesgos para la salud ósea, lesiones en tendones y casos graves como pancreatitis. Organismos internacionales y autoridades sanitarias también advirtieron sobre el uso indebido y sin supervisión médica.

La expansión del consumo masivo expone así una tensión central: mientras los beneficios terapéuticos son significativos, crecen las dudas sobre sus riesgos y su uso indiscriminado. En este escenario, la discusión ya no pasa solo por el precio o el acceso, sino por una pregunta clave: quiénes deben usar estos tratamientos, en qué condiciones y bajo qué control médico.

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