Las ciudades que se preparan para un posible fenómeno intenso de El Niño hacia el final de 2026 enfrentan un desafío que va más allá de reforzar diques, limpiar drenajes o podar árboles: deben incorporar las necesidades de las poblaciones más expuestas a los desastres climáticos.La investigadora Bethany Tietjen, de la Universidad de Tufts, advirtió que los planes suelen concentrarse en la infraestructura física y dejan en segundo plano factores sociales que definen la capacidad de una comunidad para resistir y recuperarse.El análisis publicado por The Conversation identificó señales tempranas de un evento que podría extender sus efectos hasta comienzos de 2027. Entre ellas figuraron el verano más cálido registrado en los 48 estados continentales de Estados Unidos, la sequía…
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