“¡Ea-ea-ea pe-pé!”. Bastaban esas pocas palabras para que apareciera Carlitos Balá. No hacía falta verlo: alcanzaban la voz, el ritmo, una de esas expresiones que habían pasado de la televisión a las conversaciones cotidianas para que su prolijo flequillo (o el famoso “corte taza”) aparecieran. Después podían venir expresiones como “sumbudrule”, “Angueto, quedate quieto”, “un kilo y dos pancitos” o aquella pregunta que durante años tuvo una respuesta obvia: “¿Qué gusto tiene la sal?“. Su repertorio había quedado incorporado al lenguaje de varias generaciones.El hombre detrás de ese personaje había nacido como Carlos Salim Balaá, en Chacarita, el 13 de agosto de 1925. Antes de los grandes estudios de televisión y de los programas infantiles hubo colectivos, algunas changas, una…
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