Durante más de seis décadas, miles de visitantes caminaron frente a las paredes grabadas sin reconocer su origen paleolítico. Ahora, un equipo de investigadores del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA) publicó en la revista Antiquity el hallazgo de 280 motivos del Paleolítico en la Cova de la Font Major, en Cataluña, que convierte a esa caverna en el tercer conjunto de arte rupestre paleolítico más grande de la fachada mediterránea de la Península Ibérica.
La Cova de la Font Major está ubicada en el municipio de Espluga de Francolí, en la comarca de la Conca de Barberà, a 410 metros sobre el nivel del mar. Desde el siglo XII, la caverna recibió visitantes esporádicos, y a partir de 1957 se convirtió en destino frecuente de espeleólogos, turistas y buscadores de tesoros. En 1993 fue acondicionada como atracción turística con una ruta de aventura que pasaba exactamente frente a las superficies grabadas. Pese a ello, nadie identificó el origen paleolítico de las figuras.
Los grabados fueron descubiertos de manera fortuita el 30 de octubre de 2019, durante la primera campaña de excavación del proyecto ‘Evolución paleoambiental y poblamiento prehistórico en las cuencas de los ríos Francolí, Gaià, Siurana y ramblas del Camp de Tarragona’, financiado por el Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya. Uno de los investigadores observó que, entre los numerosos grafitis modernos que cubrían las paredes, varios grabados presentaban características paleolíticas.
El hallazgo invierte décadas de conocimiento sobre el noreste ibérico
Hasta ese momento, en toda Cataluña solo se conocían dos representaciones parietales atribuidas al Paleolítico Superior, entre 43.000 y 12.000 años antes del presente. La nueva colección de la Font Major reúne 55 figuras zoomórficas —équidos, cérvidos, bóvidos, cápridos y un oso, taxón poco frecuente en el arte paleolítico— y una amplia variedad de representaciones no figurativas, entre ellas líneas paralelas, formas circulares y centenares de grabados en espiral.
“Para la fachada mediterránea ibérica, desde los Pirineos hasta Gibraltar, alrededor del 75% de los conjuntos conocidos contiene como máximo cinco figuras zoomórficas, y más del 90% no supera las 20”, señaló Míriam Salas-Altès, coautora del estudio, en declaraciones recogidas por Antiquity. La Font Major, con 55 representaciones de animales, solo es superada por las cuevas de Ardales y La Pileta, ambas en el extremo sur de la península.
La roca “inadecuada” resultó ser el soporte de cientos de grabados
Uno de los factores que explica el olvido de estas figuras es la naturaleza del soporte. Las paredes de la Font Major están formadas principalmente por conglomerados calcáreos del Oligoceno inferior, considerados históricamente poco aptos para el grabado paleolítico por su irregularidad de relieve y color. Sin embargo, los investigadores comprobaron que las capas de marga intercaladas en esos conglomerados —homogéneas y de baja consistencia— son altamente sensibles al tallado con cualquier instrumento mínimamente sólido.
Los autores documentaron que los grabados se ejecutaron mediante incisión simple y, en menor medida, mediante raspado. La mayoría de los surcos miden entre 3 y 7 milímetros de ancho. En varios casos, los artistas paleolíticos aprovecharon el relieve natural de la roca: la discontinuidad entre el conglomerado y la marga parece haber funcionado como línea de suelo para algunas figuras, mientras que fisuras horizontales podrían representar una superficie terrestre o acuática.
Las convenciones gráficas apuntan a fases anteriores al Magdaleniense
La datación del arte parietal paleolítico es compleja y la Font Major no es una excepción. Los investigadores combinaron fechados por radiocarbono de carbones hallados en capas interiores de la cueva —que sitúan la presencia humana en las galerías profundas entre 40.810 y 25.850 años antes del presente— con el análisis estilístico de las figuras. Algunas representaciones presentan convenciones como extremidades en doble Y y cabezas de tres líneas, rasgos asociados en múltiples conjuntos mediterráneos a cronologías anteriores al Magdaleniense (previas a hace unos 19.000 años).
“Contrariamente a lo que se pensaba, el noreste de Iberia alberga yacimientos de arte rupestre paleolítico de primer orden”, afirmó Josep Maria Vergès, investigador principal del estudio, en declaraciones a Antiquity. Los autores subrayaron que al menos una figura zoomórfica cubierta por depósitos de calcita podría ser datada mediante el método de series de uranio en una fase posterior de la investigación.
El hallazgo abre una nueva línea de prospección en la región
El descubrimiento en la Font Major ya desencadenó nuevas iniciativas de investigación. La prospección de la Cova Simanya, impulsada a partir de este hallazgo, también arrojó resultados positivos en cuanto a la presencia de expresiones gráficas paleolíticas, lo que coloca al noreste de la Península Ibérica en el centro del debate actual sobre arte paleolítico.
Para los autores, el caso pone de relieve una cuestión metodológica fundamental: que conjuntos gráficos de gran magnitud pueden persistir en contextos intensamente visitados durante décadas, y que la ausencia de registro no equivale necesariamente a ausencia de arte.
Fuente: infobae.com














