Jordania ejecutó bombardeos contra el sur de Siria este lunes como represalia por el ataque armado perpetrado el viernes contra una iglesia ortodoxa griega en Karak, que dejó nueve muertos. La operación aérea, denominada “Disuasión Jordana”, se produjo horas después de que las autoridades jordanas detuvieran a tres hombres señalados como los autores del atentado.
La Real Fuerza Aérea Jordana informó en un comunicado que la operación “resultó en la muerte y heridas de numerosos miembros de estos grupos terroristas” y en la destrucción de varios de sus vehículos, sin precisar la identidad de las organizaciones ni la ubicación exacta de los ataques. Los bombardeos se realizaron “en coordinación” con el Gobierno sirio de Ahmed al Sharaa, que no se pronunció de inmediato sobre el operativo.
Medios estatales sirios reportaron víctimas civiles como consecuencia de los bombardeos. El director de Salud de la provincia meridional de Daraa, donde se concentraron los ataques, informó a la agencia siria SANA que murieron al menos cinco civiles, entre ellos mujeres, menores y un hombre de 65 años que falleció en el hospital por heridas de metralla. Al menos dos personas más resultaron heridas.
La televisión estatal siria Al Ijbariya confirmó “víctimas civiles” al sur de la aldea de Al Musaymiyah, en la zona rural de Deraa, sin ofrecer un balance detallado. SANA también reportó explosiones cerca de las localidades de Nasib y Al Muzayrib. El medio local Suwayda24, citando fuentes locales, indicó que los cazas jordanos atacaron además posiciones en la zona de Tal Dhalfa, al noreste de la gobernación de Sueida y al este del aeropuerto de Khalkhalah, un área que anteriormente fue bastión del Estado Islámico.
Tres sospechosos detenidos
Horas antes de los bombardeos, las autoridades jordanas detuvieron a tres hombres acusados del ataque a la iglesia, tras un tiroteo registrado al amanecer en Karak. La Dirección General de Seguridad Pública los identificó como los hermanos Hazzah Zaidan Mohammad y Mishal Zaidan Mohammad, junto con su cuñado Ahmad Sami Hussein, todos de nacionalidad jordana.
Los tres se habían atrincherado en una casa abandonada y abrieron fuego contra las fuerzas de seguridad antes de ser capturados, todos ellos heridos. El director de Seguridad Pública, el general de división Obaidallah Abd Rabbo Al-Maayta, precisó en rueda de prensa: “Los tres terroristas han resultado heridos. Han sido trasladados al hospital y continúan en tratamiento”. Uno de los sospechosos se encontraba en estado crítico, según el canal estatal Al-Mamlaka, que agregó que no hubo bajas entre las fuerzas de seguridad.
En la vivienda abandonada donde fueron detenidos se halló un gran arsenal de municiones, según la Dirección de Seguridad Pública. Al-Maayta describió a los atacantes como “takfiríes”, término usado para militantes suníes, pero aclaró que no estaban vinculados a ninguna organización estructurada: “Solo se representan a sí mismos”. El funcionario agregó que el crimen no había sido planificado, sino que los tres hombres, que comparten una ideología extremista, decidieron perpetrarlo de manera espontánea al encontrarse cerca del cortejo fúnebre.
“Este país debe seguir siendo un oasis de seguridad y estabilidad, y afirmamos que Jordania seguirá siendo impenetrable para quien ose desafiarla”, declaró Al-Maayta.
El atentado ocurrió el viernes por la tarde, cuando varios hombres armados irrumpieron en el patio de la iglesia ortodoxa griega de San Jorge, en la localidad de Hamud, gobernación de Karak, durante una ceremonia fúnebre a la que asistían tanto cristianos como musulmanes, y dispararon de manera indiscriminada contra los presentes, según testimonios recogidos por la agencia EFE. El ataque dejó nueve muertos y alrededor de una treintena de heridos, aunque otras fuentes elevaron la cifra a cerca de 40.
Karak, ubicada a unos 90 kilómetros al sur de Amán, alberga a una comunidad cristiana significativa en un país de mayoría musulmana, donde los cristianos representan entre el dos y el tres por ciento de la población. Ningún grupo reivindicó de inmediato el atentado y el motivo de los atacantes permanece desconocido. Los ataques contra lugares de culto son infrecuentes en Jordania: en 2016 un atentado en Karak había dejado diez muertos, aunque entonces el objetivo fue un centro de seguridad y patrullas policiales.
El ministro del Interior, Mazen Al-Faraya, señaló que los tres atacantes son todos jordanos y “estuvieron escondidos en un edificio de una de las aldeas cercanas al lugar del ataque”, sin indicios de contactos externos o colaboración con partes extranjeras. Atribuyó el atentado a “una forma de pensamiento terrorista y extremista” y advirtió: “Si esta forma de pensamiento no se resuelve, veremos incidentes como este nuevamente”.
Fuente: infobae.com














