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Desarrollan tecnología que envía olores de comida entre dispositivos con IA conectados a internet

Los voluntarios identificaron olores individuales con un 73% de precisión durante las pruebas de laboratorio

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Desarrollan tecnología que envía olores de comida entre dispositivos con IA conectados a internet

El aroma del café podría formar parte de una videollamada en un futuro cercano. Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio y del Laboratorio de Zhejiang desarrollaron un sistema experimental que detecta olores mediante inteligencia artificial y los reproduce cerca de la nariz de otra persona a través de internet.

El trabajo, descrito en la revista ‘Science Advances’, combina detección química, aprendizaje automático y dispositivos portátiles con forma de pulseras o collares.

En pruebas de laboratorio con 14 voluntarios sanos, los participantes identificaron olores individuales con un 73% de precisión y combinaciones de dos aromas con un 71%. Estos resultados marcan un paso hacia la incorporación del olfato a las experiencias digitales, aunque el sistema depende todavía de aromas pregrabados y no puede reconstruir olores arbitrarios desde cero.

El desafío de digitalizar un olor

Reproducir un olor plantea un problema distinto al de transmitir imágenes o sonido. Las cámaras y los micrófonos capturan ondas de luz y sonido, mientras que los olores se originan en compuestos químicos que deben detectarse y liberarse físicamente para que una persona pueda percibirlos.

Los métodos previos para transmitir aromas incluían equipos de escritorio voluminosos, tarjetas con fragancias y gafas de realidad virtual, varios de los cuales requerían que el receptor liberara el olor de forma manual. El nuevo sistema busca automatizar ese proceso de principio a fin.

Cómo funciona el sistema de reconocimiento

La tecnología emplea algoritmos de aprendizaje automático para identificar patrones asociados a compuestos orgánicos volátiles, las moléculas responsables de los olores, y clasificarlos en categorías. Esa información se transmite por internet hasta un dispositivo receptor llamado Scentronic, que libera la fragancia correspondiente cerca de la nariz del usuario.

El proceso envía instrucciones digitales entre los equipos conectados; el olor en sí proviene de componentes químicos ya cargados en el dispositivo portátil, no de una reconstrucción química completa a distancia.

Cinco aromas puestos a prueba

Los investigadores evaluaron cinco olores: cerveza, pastel, café, naranja y vino tinto. Los voluntarios los experimentaron tanto por separado como en combinaciones, entre ellas cerveza con pastel y café con naranja. El sistema respondió a una señal olfativa en 0,6 segundos, aunque la identificación de aromas de alimentos más complejos demandó varios segundos adicionales.

Esta diferencia resulta relevante porque responder a una señal y clasificar con precisión una mezcla química desconocida constituyen tareas de distinta complejidad para el algoritmo.

El equipo también desarrolló una versión capaz de dispensar líquidos aromatizados, lo que amplía el concepto más allá de oler un objeto a distancia y permite recrear aspectos de la experiencia de beber. En una posible aplicación de realidad virtual, un usuario podría seleccionar una bebida digital y recibir en su domicilio un líquido con el sabor correspondiente.

Limitaciones y próximos pasos

El sistema no puede todavía reconstruir olores arbitrarios a partir de sus componentes químicos básicos. En lugar de eso, selecciona entre canales de olor preestablecidos, lo que acota el alcance y la precisión de lo que es capaz de reproducir.

Los investigadores planean someter el dispositivo a pruebas fuera de las condiciones controladas del laboratorio, incorporar evaluaciones más complejas y perfeccionar los controles para detectar posibles sesgos entre los participantes. Entre las aplicaciones que contemplan figuran las reuniones sociales virtuales, las compras en línea y la investigación sanitaria vinculada a la percepción o la pérdida del sentido del olfato.

Por el momento, el desarrollo demuestra una conexión limitada pero automatizada entre la detección de un olor y la recreación de una fragancia similar en otro lugar. Extender esa conexión a la variedad de olores que las personas encuentran a diario sigue siendo el reto pendiente.

Fuente: infobae.com

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