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Hayao Miyazaki y su hijo Gorō: una relación marcada por la distancia y reparada a través de la animación

El reconocimiento al estudio japonés en Oviedo coincide con las reflexiones sobre su continuidad creativa y el recorrido profesional de Gorō Miyazaki, marcado por años de distancia con su padre

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Hayao Miyazaki y su hijo Gorō: una relación marcada por la distancia y reparada a través de la animación

La conflictiva relación entre Hayao Miyazaki y su hijo Gorō estará entre los aspectos que rodearán la entrega del Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2026 a Studio Ghibli, en Oviedo.

El reconocimiento coincidirá con la presencia de directivos y colaboradores del estudio japonés en la ciudad y con las referencias al papel de Gorō dentro de la compañía fundada por su padre, quien reconoció que su trabajo limitó su presencia durante la infancia de sus hijos: Gorō, nacido en 1967, y Keisuke, nacido en 1969.

El galardón distingue la trayectoria de un estudio responsable de películas como La princesa Mononoke, Mi vecino Totoro y Ponyo en el acantilado. La organización ha destacado su posición como uno de los referentes de la animación cinematográfica y su influencia en distintas generaciones.

Según Vanity Fair, la visita a Oviedo reúne a Kenichi Yoda, presidente y consejero delegado de la empresa; Kiyofumi Nakajima, director ejecutivo del Museo Ghibli y responsable de operaciones, y el animador Takeshi Honda.

La distancia familiar precedió a la carrera de Gorō

El director se casó en octubre de 1965 con Akemi Ōta, animadora a la que conoció en Toei Animation. En el documental 10 años con Hayao Miyazaki, estrenado en 2019, habló de su paternidad: “Intenté ser un buen padre, pero al final no lo fui. Le debo una disculpa a ese niño”.

Gorō describió aquella ausencia en su blog Nausicaa: “Para mí, Hayao Miyazaki es un padre incompetente, pero un director excepcional”. También recordó a su madre “tuvo que dejar de ser animadora para encargarse de nosotros y de las tareas de la casa, para ocupar el espacio que dejaba mi padre”.

El hijo del cineasta explicó que veía las obras de su padre con otro propósito, además del interés estético: buscaba entenderlo. Antes de entrar al estudio, se graduó en Ingeniería Forestal por la Universidad Shinshu y trabajó como consultor de paisajes para una empresa japonesa.

Terramar llevó el conflicto al terreno profesional

En 1998, el productor cinematográfico, Toshio Suzuki, convenció a Gorō para integrarse en Studio Ghibli como paisajista de decorados. 5 años después, recibió el encargo de realizar los storyboards —dibujos que organizan visualmente las escenas de una película— para la adaptación de la saga Historia de Terramar.

Hayao Miyazaki se opuso a que su hijo dirigiera el proyecto. De acuerdo con la información publicada, temía que afrontara el mismo nivel de exigencia y sacrificio que él había vivido, y a la vez dudaba de sus aptitudes para trabajar en el sector.

La discrepancia provocó que ambos pasaran más de un año sin hablar. En una entrevista concedida a Los Angeles Times en 2006, Gorō resumió el problema con una frase: “Para ser sincero, no somos muy cercanos. No sabemos cómo comunicarnos”.

La película se convirtió en la producción más taquillera de su semana de estreno, con una recaudación cercana a los USD 7,8 millones, aunque no alcanzó grandes cifras fuera de Japón. Tras verla, Hayao le escribió a su hijo que “ha sido una película hecha de manera honesta, así que es buena película”.

Padre e hijo volvieron a trabajar juntos en 2011

La siguiente colaboración llegó con La colina de las amapolas, estrenada en 2011. Gorō dirigió el largometraje, mientras Hayao participó en el guion junto con Keiko Niwa. La historia se ubica en el Yokohama de 1963 y sigue a unos estudiantes que intentan impedir la demolición de su club escolar.

El reencuentro profesional se produjo después de la carta sobre Historia de Terramar, que abrió una nueva vía de diálogo entre ambos. La película permitió que padre e hijo coincidieran en un proyecto dentro de la compañía, aunque desde tareas diferentes.

La información también vincula esa trayectoria conEl chico y la garza, estrenada en 2023 y reconocida con el Óscar a la mejor película de animación en 2024. La obra aborda la relación entre el joven Mahito y un anciano creador que busca preservar su mundo.

Studio Ghibli obtuvo 2 premios Óscar en esa categoría: el primero por El viaje de Chihiro en 2003 y el segundo por El chico y la garza. La distinción en Asturias llega mientras el estudio afronta el desafío de preservar esa trayectoria y definir la participación de sus nuevas generaciones creativas.

El futuro del estudio aparece entre los asuntos centrales

La entrega del premio se produce en un momento en que la continuidad creativa de Studio Ghibli concentra parte de la atención. Sus figuras históricas incluyen a Hayao Miyazaki, al fallecido Isao Takahata y al productor Toshio Suzuki, vinculado al estudio desde 1985.

También está presente el debate sobre la aplicación de la inteligencia artificial en el cine de animación. Yoda afirmó que el sector no puede anticipar por completo el efecto de esta tecnología sobre la creación de películas.

“No podemos predecir cómo la inteligencia artificial transformará el futuro de la animación. A nivel personal, puedo asegurar que si me ofrecen ir a un restaurante con un menú creado por una IA o creado por un ser humano, voy a elegir lo segundo”, señaló el presidente de la productora.

Yoda sostuvo que “Hayao sigue dibujando de forma diaria a sus 85 años. Aunque tenemos animadores jóvenes en Studio Ghibli muy preparados para hacerse cargo de los próximos pasos de la compañía. Gorō Miyazaki, hijo de Hayao, es un claro ejemplo de ello”.

Fuente: infobae.com

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