En un país donde el ruido del tráfico copa el espacio público, existe una comunidad cuya voz se despliega en el aire en forma de ademanes, miradas y movimientos corporales.Sin embargo, para la mayoría de los salvadoreños, la sordera sigue siendo una realidad completamente imperceptible. «La discapacidad auditiva es una discapacidad invisible», reflexiona Adriana Barrera de 27 años. Andrea no es sorda, pero lleva años habitando el universo de la comunidad sorda salvadoreña. Desde 2022 ejerce activamente como intérprete de Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA) y es docente en el Diplomado General que imparte el Colegio Bautista de Teología (CBT) en San Salvador. Su historia no es solo la de quien aprende un idioma, sino la de una mujer que…
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