En la prisa cotidiana, miles de personas interactúan todos los días con trabajadores o ciudadanos sin notar la barrera invisible que los separa. Un saludo no respondido o una indicación no comprendida suelen atribuirse a la prisa o a la mala educación, cuando en realidad se trata de una persona que vive en un mundo sin sonido.Frente a esa desconexión social, la iniciativa de aprender Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA) no solo representa la adquisición de una nueva destreza lingüística, sino un compromiso humano para derribar el aislamiento de la comunidad sorda.Walter Adrián Domínguez, servidor del ministerio «Pan y Chocolate» en el Tabernáculo Bíblico Bautista Central, forma parte de esta nueva generación de oyentes que han decidido cruzar esa frontera.…
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