Dos sorpresas tremendas me impactaron cuando visité Nápoles recientemente. Tenía una expectativa muy grande sobre algo que terminó siendo una gran decepción. La otra resultó una experiencia fabulosa e inesperada. Me refiero, en primer término, a la famosa pizza napolitana: ¡un fiasco! Y eso que la probé en varios lugares, algunos muy recomendados. Dicen que se originó siglos atrás cuando para palear el hambre, a alguien se le ocurrió hornear una masa estirada hecha con harina y agua, con salsa de tomate y un poco de queso por encima. El tamaño de la pizza individual que sirven desborda el plato, aunque es escandaloso el escaso queso que le ponen encima. La nuestra es mucho mejor. Lo que me asombró, pero…
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