“In Klopp we trust [”Confiamos en Klopp"]”, dice la publicidad en el aeropuerto de Nuremberg, en el centro-sur de Alemania. De a uno, los futbolistas de la selección germana ingresan en el avión que los llevará hasta Amsterdam para jugar con Países Bajos por la Liga de Naciones europea. El encuentro marcará el debut de Jürgen (que es Klopp) como entrenador del equipo nacional. Su objetivo es uno solo: no sueña con ser campeón del mundo. Quiere que los hinchas se identifiquen con la Mannshaft. En sus propias palabras, “recuperar la bandera”. Y allá va el entrenador, con su infaltable gorrita, su sonrisa de marfil y la simpatía contagiosa. Ídolo en Liverpool, se tomó un tiempo para pensar y otro…
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