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¿Cómo se hace un femicida?, el disparador de una obra acerca la violencia de género

Poradmin

Nov 14, 2021

Con un libro que indaga en los orígenes de las conductas violentas ejercidas por los varones hacia las mujeres, el antropólogo Matías de Stéfano Barbero propone en «Masculinidades (Im)posibles» una mirada que interroga a la sociedad acerca de los códigos de construcción social de ser varón, en un entorno que impone rituales violentos en la composición de los vínculos y deja a varones y mujeres en condiciones de gran vulnerabilidad.

Integrante de la Asociación Pablo Besson, donde se trabaja en talleres con varones que ejercieron violencia, el autor expone en la obra, editada por Galerna, el trabajo realizado en esos ámbitos donde, en muchos casos, lograron revertir esos comportamientos violentos que muchas veces llegan al femicidio.

Miembro del Instituto de Masculinidades y Cambio Social, De Stéfano Barbero que ha colaborado como investigador y consultor para los ministerios de Mujeres, Seguridad y Salud argentinos, dialogó con Télam acerca de los orígenes de la investigación alimentada por interrogantes que poblaron las calles en las jornadas del Ni una menos.

Télam:¿Cómo surgió la inquietud por investigar sobre la violencia de los varones hacia las mujeres?

Matías de Stéfano Barbero: Empecé a trabajar en la relación entre violencia y género a partir de una investigación sobre violencia escolar, donde notamos que la mayoría de quienes sufrían y hacían sufrir la violencia en la escuela eran niños y adolescentes, y que la violencia atravesaba las formas de «hacerse hombre en el aula». Ese trabajo lo hice justo en el momento en el que, en 2015, se convocó a la primera concentración del Ni Una Menos. En la plaza del Congreso vi una chica que levantaba un cartel en el que se preguntaba: «¿Cómo se hace un femicida?», y esa pregunta me quedó grabada. Porque era una pregunta que resonaba con mi trabajo, y porque corría un poco el eje de atención. Muchas veces tenemos la tendencia a abordar las cuestiones de la desigualdad y la violencia centrando nuestra atención casi exclusivamente en quienes la sufren y bastante menos en quienes hacen sufrir la violencia. Lo que deja pendiente el desafío de comprender a los sujetos que la ejercen y trabajar para prevenir las causas que la sustentan.

T: En el libro das cuenta de los talleres donde se aborda el trabajo con varones violentos. ¿A raíz de qué surgieron los talleres y qué balance hacés de los resultados obtenidos hasta el momento?

MSB: El trabajo de campo de la investigación lo hice como miembro de la Asociación Pablo Besson, donde venían trabajando hace años con mujeres en situación de violencia, hasta que, en esos grupos, el equipo interdisciplinar conoció el caso de dos mujeres asistentes que habían sufrido situaciones de violencia ejercida por el mismo hombre. En ese momento, en 2009, se dieron cuenta de que era necesario empezar a trabajar con los varones, para evitar que la violencia siga reproduciéndose. La experiencia del equipo de la Asociación coincide con la otros espacios a nivel nacional y de la Provincia de Buenos Aires, donde en la mayoría de los casos los varones que participan reducen significativamente o dejan de ejercer paulatinamente la violencia contra sus parejas. Lo cierto es que es un proceso de trabajo profundo y extenso, para lo que se necesitan más espacios y recursos, porque hoy las listas de espera son demasiado extensas, lo que hace difícil que los equipos puedan responder a la urgencia y la precisión que este tipo de abordajes demandan.

T: De acuerdo a los testimonios que aparecen en el libro y en base a la investigación, se concluye que los varones violentos «se construyen» en ámbitos familiares y sociales violentos que luego reproducen en sus relaciones de pareja: vínculos violentos de poder y respeto. ¿Cómo se debería trabajar para deconstruir esos modelos, que en muchos casos terminan en femicidios?

MSB: Si la violencia se encuentra presente a lo largo de la vida de quienes la ejercen y es posible establecer relaciones (no causales) entre las formas de sufrir y de hacer sufrir violencia, creo que una de las posibles formas de prevenirla puede ser, por ejemplo, que la Ley de Educación Sexual Integral, que incluye estas cuestiones, además de implementarse efectivamente en todos y cada uno de los espacios educativos del país, incluya también las diferentes formas de construcción de la masculinidad y su relación con la violencia y la vulnerabilidad masculina como parte de las relaciones de género, no para caer en victimizaciones o relativizar su responsabilidad, sino como un aspecto central para prevenir el ejercicio de la violencia.

Por otro lado, como se refleja en el análisis del libro, si las relaciones de poder y violencia contra las mujeres están íntimamente vinculadas con las relaciones de poder y vulnerabilidad entre varones, podríamos considerar la necesidad de transversalizar las políticas públicas en la lucha contra la violencia, incluyendo la intersección entre la violencia contra la infancia, entre pares, la violencia homofóbica, la violencia contra las mujeres, y las vinculada al clasismo o al racismo.

T: En algunos de los testimonios como en el de Damián, aparecen ejemplos donde la mujer también tiene conductas violentas a través de celos, manipulaciones, agresión en el marco de una relación de pareja. ¿Qué reflexión podés hacer sobre este tema?

MSB: Creo que a partir de las situaciones de violencia que se dan entre ellos podemos pensar en cuáles son los sentidos sobre el amor, el (des)control y los celos que tienen lugar en las parejas jóvenes contemporáneas. Pedirle a la pareja que no hable más con alguien, pedirle las claves de acceso a los dispositivos y las redes o, directamente, exigir que no se use más determinadas aplicaciones, puede ser considerado como una «prueba de amor», prueba que puede ser aceptada o rechazada por la pareja. Estas estrategias pueden ser implementadas por uno o ambos miembros de la pareja, y lo cierto es que no parecen adecuarse a las definiciones que las considerarían como formas de mero sometimiento al control de la pareja, sino a estrategias encaminadas a reequilibrar las relaciones de dependencia y reconocimiento de la pareja, que fueron previamente desestabilizadas por situaciones de celos o infidelidades reales o temidas.

T: ¿La formación intelectual de un varón es un factor que disminuye las posibilidades de que se generen vínculos violentos? ¿Las clases altas esconden más los hechos violentos?

MSB: En la primera parte del libro, donde relevo las diferentes explicaciones científicas sobre la violencia de género, menciono algunas investigaciones que consideran que la carencia de recursos educativos, sociales y económicos entre las clases populares generaría una mayor frustración, lo que haría más probable la aparición de conductas violentas. Este tipo de análisis parte de algunos problemas teóricos y metodológicos que hacen difícil establecer perfiles y tipologías entre los hombres que han ejercido violencia contra las mujeres en la pareja. Cuando se establecen perfiles en base a hombres que han sido denunciados, se obvian cuestiones tales como el hecho de que las clases populares denunciarían más que las clases altas, que serían más tendientes a ocultar el problema. En la misma línea, podemos preguntarnos en qué medida, tanto las fuerzas de seguridad como las instituciones, tenderían a denunciar con mayor frecuencia los delitos de las clases populares que los de las clases altas, con el objetivo de disciplinar a las primeras. En la segunda parte del libro, donde analizo las historias de vida de los varones que ejercieron violencia contra sus parejas, se muestra que las relaciones de clase (también atravesadas por la violencia) tienen mucho para decirnos sobre las relaciones de género, pero su vinculación es bastante más compleja que una relación lineal del tipo «factor de riesgo».

T:¿Por qué si se habla, se denuncia y se han dispuesto políticas para prevenir los femicidios, cada vez hay más mujeres muertas a manos de sus parejas?

MSB: Creo que la violencia de género es un problema social que responde a diferentes causas, muchas de ellas arraigadas estructuralmente en nuestras comunidades. En este momento particular de la historia donde están cambiando nuestros sentidos sobre lo que es «ser un hombre», pero también nuestras formas de construir y sostener los vínculos y las relaciones de pareja, el libro pretende ofrecer un pequeño aporte para seguir intentando develar cuál es la relación entre la masculinidad y la violencia a lo largo de la vida, confiando en que uno de los caminos clave para el cambio social es conocer y analizar en profundidad los problemas sociales para poder desarrollar mejores estrategias de prevención.

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