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Los descolonizadores

Poradmin

Nov 13, 2021

“La intelligenzia es el fruto de una colonización pedagógica. La juventud universitaria, en particular, ha asimilado los peores rasgos de una cultura antinacional por excelencia. En la Argentina, el establecimiento de una verdadera cultura lleva necesariamente a combatir la ‘cultura’ ordenada por la dependencia colonial. El combate contra la superestructura establecida abre nuevos rumbos a la indagación, otorga otro sentido creador a la tarea intelectual, ofrece desconocidos horizontes a la inquietud espiritual, enriquece la cultura aún en su aséptico significado al proveerla de otro punto de vista brindado por las peculiaridades nacionales. Sólo por la victoria en esta contienda evitaremos que bajo la apariencia de los valores universales se sigan introduciendo como tales los valores relativos correspondientes sólo a un momento histórico o lugar geográfico, cuya apariencia de universalidad surge exclusivamente del poder de expansión universal que les dan los centros donde nacen”. 

Arturo Jauretche
                              

Telam SE

           
Muchas veces se ha analizado la dependencia y el subdesarrollo de los países de América en términos económicos y sociales sin tomar en cuenta la necesaria vinculación con la formación de los profesionales y académicos en las universidades, que posteriormente son quienes toman las decisiones políticas. 

En muchos relatos o narrativas históricas pareciera que la dependencia económica y el subdesarrollo sólo fueran resultado de una catástrofe natural, o fruto solamente de la malignidad de los países centrales o imperiales, sin reparar que también son el resultado de relaciones de poder, relaciones sociales, intereses espúreos, luchas intestinas o decisiones políticas que se tomaron en diferentes coyunturas por el poder vernáculo. 

Miradas positivistas continúan transitando las aulas universitarias, tendientes a someterse a los hechos sociales como si no fueran factibles de revertirse y transformarlos, tomando el hecho social como hecho natural o físico y no como resultado de las decisiones humanas. 

De esta forma el proceso de enseñanza aprendizaje se traduce en negación del protagonismo real de las personas en la historia, en resignación o rebelión absoluta frente a la realidad, en vez de clarificar que la historia la hacen los hombres y mujeres, que las relaciones económicas son relaciones sociales y no relaciones entre números o cosas, y que la actualidad es siempre un proceso de decisión social anterior, como el futuro también será resultado del compromiso y decisión que se tome en el presente.     

En la mayoría de nuestros países de América Latina el “coloniaje pedagógico” aún hoy no se ha desterrado. En la mayoría de los casos se continúa con sistemas de evaluación y comprensión de la realidad como si estos fueran universales a lo largo de los tiempos y de los espacios geográficos y culturales donde se forman los futuros profesionales. 

Nosotros creemos que forma parte inescindible de la función social de las universidades el preservar el patrimonio histórico de la Nación, al igual que revisarlo, reinterpretarlo y reelaborarlo, con el fin de formar nuevas generaciones de profesionales y académicos que no sólo conozcan la historia del país sino que además los inquiete para poner sus conocimientos al servicio de la Patria y la democracia. Incluso la Ley de Educación Superior nos indica que las universidades tienen entre sus funciones la de “preservar la cultura nacional”. 

Sostenía el tutor de Simón Bolívar que educar era crear voluntades. Pero no podremos formar voluntades de cambio, voluntades políticas de participación en la construcción social de nuestra Nación y de Nuestra América, si entendemos el hecho social como hecho determinístico surgido casi de causas naturales. 

En el proceso de enseñanza-aprendizaje se valora continuamente, se pueden homogeneizar visiones del mundo, algunas de ellas se pueden jerarquizar de acuerdo a las pasiones e intereses del educador, se brindan determinadas bibliografías, se plantean determinados métodos para comprender la historia, etcétera.

El colonialismo pedagógico del cual nos habla Arturo Jauretche sigue vigente en las aulas universitarias. Como sostenía el peruano José Mariátegui en su célebre libro “Siete ensayos sobre la realidad peruana”: “La educación nacional…no tiene espíritu nacional: tiene más bien un espíritu colonial y colonizador”. 

Para el pensador peruano, el espíritu de la colonia tuvo su hogar en la universidad, que siguió fiel a la tradición escolástica, conservadora y española, luego tuvo influencia francesa “con la complacencia así de quienes miraban en Francia la Patria de la libertad jacobina y republicana como de quienes se inspiraban en el pensamiento y la práctica de la restauración. La influencia norteamericana se impuso finalmente, como una consecuencia de nuestro desarrollo capitalista, al mismo tiempo de la importación de capitales, técnicos e ideas yanquis”. 

  
*Doctora en Sociología, rectora de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa).

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